Esta mañana un relator de noticias decía que hace un mes de la muerte de Sandro. Sandro me gusta, me dio tristeza su muerte, pero sobre todo porque la suya fue la condensación de otras muertes recientes, cercanas.
Cuando era chica me atormentaba saber que todo era finito, que nada es para siempre. Entonces me detenía a pensar en las cosas que más quería y me entristecía saber que iba a llegar el momento en que iba a perderlas.
Hace un rato, cuando pisé la calle en este día amarillo y húmedo, brillante, recordé, como un pequeño sismo, un día en particular en otro lugar, en otra ciudad, que compartí con la persona que más amé (y aún a veces duele). Y me quedé parada ahí, tratando de retener por más de un segundo esa sensación. Y cuando se me fue volví a sentir aquella tristeza, me estremecí pensando en lo que no tiene reverso pero decidí, porque de eso se trata, cerrar los ojos y sonreír.
'Todos sucede por algo', se me ocurrió pensar.
Y si no es así, habrá que inventarle un motivo. Que no sea en vano.
Pelotita
Hace 6 días

3 comentarios:
Las cosas pasan, pero nos aterrorizamos por anticiparnos a ellas.
Y pasan... Y las llenamos de significado y viven con nosotros para siempre.
Digo.
ay esas sensaciones de un segundo! qué bien que lo dijiste
viven con nosotros para siempre... no sé si eso es bueno o es malo.
perdón,sí sé.
Desperfecta (coincidencia!) esos segundos es como ir al kiosco: uno va, compra un caramelo, se lo morfa y sigue. Pero el kiosco somos nosotros.
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