skip to main |
skip to sidebar
En un pequeño pueblo de una provincia cualquiera del interior profundo del país un día empezó a llover. Llovió por un día y medio y después paró, pero fue suficiente para que se inundara todo. Después de la lluvia el pueblo estaba con 25 cm de agua. Era un pueblo establecido en una suerte de depresión del terreno, es decir, no estaba sobre el nivel del mar, estaba un chiquitín más abajo, entonces hacía un efecto palangana que conservaba el agua en su lugar. Los habitantes del pueblo andaban con los pantalones arremangados y agarrándose la cabeza. Luego de dos días el agua bajó, pero ahora tenía 17 cm. Y no bajó más. No se iba, no había manera.
No perdieron la cosecha porque los que tenían campo los tenían en los alrededores, donde no había llegado el agua porque estaba a otro nivel, más arriba. Los animales también, estaban en el campo por ende corrieron la misma suerte que los sembrados. Estaba todo bien, no iban a morir de hambre, es sólo que tenían 17 cm inamovibles de agua.
Pasaron los días. A la quinta semana después de lo sucedido, cuando ya quedó establecido que iba a quedar así, cuando ya no había esperanzas de que cambiara el panorama decidieron juntarse para tomar alguna medida, presentar estrategias, algo.
Se juntaron en la municipalidad. Estaba el intendente, estaba el secretario de salud, estaba el concejo deliberante, estaban los secretarios, estaba el juez de paz, había tres escribanos y varios civiles interesados. No había mucho espacio, hacia bastante calor y había una humedad repugnante así que con las debidas disculpas cerraron las puertas del salón de actos.
Por algún motivo que no soy capaz de replicar aquí no se podía tocar el sistema de desagüe, una complicación relacionada con la cañería. Un tema de ingenieros.
No encontraban una forma en lo inmediato de desagotar. Además, convengamos, solamente contaban con mano de obra, el pueblo no tenía dinero y el Estado no estaba dispuesto a subsidiar ninguna obra. Al parecer estaba establecido en algún libro de actas de vaya a saber qué asamblea que el estado iba a dar una ayuda económica sí y sólo si el agua sobrepasaba los 20 cm.
Había que pensar algo con lo que había.
Estaban todos reunidos, con los pantalones arremangados y/o botas de goma, acalorados, con caras de preocupación, pensando qué hacer.
La conclusión a la que llegaron finalmente, aunque muy a pesar de todos, fue elevar el nivel del piso. Al día siguiente saldrían camiones de carga a conseguir arena, piedras lo que encontraran para rellenar el piso, para ganarle ‘altura’ al agua, como decían algunos para ilustrar el procedimiento cuando lo hicieron público al resto de los habitantes, los que no habían participado de la reunión, para empezar cuanto antes.
Imagínense el laburo que conllevaría, porque todas las construcciones edilicias estaban afectadas, no sólo las calles y las veredas. Había agua por todos lados. Agua en la calle, en la plaza, en las casas de familia, en las iglesias, en la municipalidad, agua en las estaciones de servicio, en las escuelas, en las verdulerías, en la concesionaria de autos, en la biblioteca, en el cementerio (daba miedo la sola idea de pensar en qué pasaría si la tierra que contenía a los muertos de repente se empezara a ablandar), en los talleres de autos, en la cooperativa, en las canchas de fútbol, de basquet, en los jardines de infantes, en las pequeñas fábricas, en la joyería, en la bicicletería, en todos lados, absolutamente todos lados había 17 cm de agua.
Y se acercaba navidad, era 7 de diciembre y había que llegar al 24 a la noche con las cosas solucionadas porque sinó iba a ser un horror. Todos los festejos pasados por agua serían incncebibles.
A alguien, a algún fantasioso se le ocurrió escribir esta historia y venderla a algún productor o escritor y con eso hacer unos mangos para agilizar las obras necesarias.
Viajó a la Capital luego de concertar una reunión con alguno de los posibles interesados y, prolijamente y con respeto, se acostumbraba en el pueblo, presentó la idea. Había armado una carpeta, había pasado todo a máquina (las computadoras no se podían usar porque con el agua era un peligro), todo precioso.
El tipo con el que se reunió, al cabo de terminar con la última hoja de su borrador, le dijo:
- No señor Bauer, no tendría sentido. Esto no vende.
- Pero cómo que no? Si es una historia que no había pasado nunca. Hubieron inundaciones pero nunca tan largas y tan raras. Ojo, no le quiero vender gato por liebre, pero es una buena historia para hacer una película, o una novela, no sé...
- Lo lamento Bauer. Tiene razón, pero no va a poder ser. Usted vea. Todos estamos al tanto, sabemos de qué se trata el cine catástrofe. Una ola de 500 km de altura destruye todo Manhatan, un meteorito cae sobre NY y explota todo. Un cambio climático producido por la contaminación ambiental hace que la Estatua de la Libertad tiemble de frío...
- Pero...
- Espere, déjeme terminar. Todas estas cosas ocurren en Estados Unidos, que tienen derecho porque tienen la tarasca y a los superhéroes, aunque por el mismo motivo, pero los tienen.
- Si... – Bauer empezaba a entender.
- Usted me entiende, no? Yo con todo gusto le compraría la historia pero no lo voy a hacer porque no me resulta redituable. Imagínese. Saltamos de ver un terremoto que parte al medio Beverly Hills a contemplar una chata y mesurada inundación en un pueblo de Sudamérica, donde no pasa, en realidad, nada más que eso.
- Entiendo.
- No se me ponga así hombre. Ya se va a ir el agua de alguna manera. No se ponga triste. Ahora mi secretaria le va a pasar el número de una periodista que conozco, es una amiga, que le va a hacer una nota. Para que al menos no se vaya de la Capital sin haber salido por la tele.
- Bueno...
- Además, Bauer, nadie quiere ver, nadie en su sano juicio querría involucrarse con una historia como esta, tan real que podría pasarle a cualquiera. Téngalo en cuenta para la próxima. Al menos agréguele algo de fantasía. Me entiende? Yo me pongo en el lugar de todos, porque yo soy todos. Cuando veo las noticias generalmente me detengo en el oso que casi se lastra al suizo que se pasó de vivo en un zoo de Rusia, o en la historia de la modelo más alta del mundo, ni loco me pongo a escuchar a mi vecino, que trabajando a la par mío perdió todo por la crisis o por un mal negocio. No, Bauer, porque eso me podría pasar a mi, y no quiero saber nada. Lo mismo con estas películas... Usted sabe de qué le hablo. Ahora vaya, cualquier cosa me llama.
Bauer salió y la secretaria lo recibió con un número de teléfono y una dirección de mail, la mia. No alcanzó a salir en la tele, los minutos salen caros y las noticias tienen un ranking. No todas salen. Lo único que llegué a hacer, por Bauer, por el pueblo, es dejar, al menos, esta humilde crónica.
Tengo una teoría.
He tratado de estar a la altura de las circunstancias, he investigado y leído porque este asunto me ha quemado la cabeza de una manera radical. Le sostuve la vela a mi convicción porque no me dejaba dormir. Y he llegado, por fin, a una conclusión.
Las mujeres manejan como aman.
Claro, usted dirá: qué poronga tiene que ver la forma de amar con la de manejar?
Oiga, no me malinterprete, no me refiero al acto, a cómo cogen las minas... no se me vaya por la tangente. Yo sé que da para el chiste fácil... pero esto que digo es muy serio, y tiene lógica.
Las mujeres y los hombres aman de forma diferente. Los hombres aman, los hombres ceden, los hombres de hecho consideran que ceder es el acto más perfecto de amor porque andan dando amor. Envuelven a sus partenaires con el cálido sentimiento y cuando se enamoran ellas pasan a ocupar el lugar más alto en su montana de prioridades.
Las mujeres, en cambio, aman a quien las ama. Son seductoras, son atractivas, son lindas. Toman... son narcisistas. Las mujeres aman de forma narcisista. Ellas van por la vida (amorosa) demandando atención. Son caprichosas (la excepción justifica la regla. Conozco gracias a Dios varias hermosisimas excepciones), son egocentricas. Vienen y te dicen 'pero cómo no me viste? cómo no ten diste cuenta de que fui a la peluqería a cortarme las puntas?' Se entiende, no? por espejo o por rechazo se van a identificar.
Es decir, a grandes rasgos, las mujeres andan por la vida luciendo un agujero, los hombres van por la vida tapándolo.
Y cuando pude vislumbrar esta diferencia vi que se trata de eso. Las mujeres manejabn sus autos como a la vida amorosa. No les importa mucho el que viene manejando detras, no miran la mayoría de las veces el espejo retrovisor y si ocurre un accidente es el otro el que ha tenido la culpa. Entienden??? no manejan mal, no les falta pericia en absoluto. Las mujeres son mucho más prácticas y resolutivas que cualquier tipo, eso está más que claro, es sólo que no se dan cuenta. Van por la calle como diciendo: 'es obvio que acá estoy yo'.
Estoy muy equivocado? Es probable.
Yo sé que muchas mujeres se me van a venir al humo, sé que se van a sentir agraviadas en su fuero más íntimo.
Yo sólo replico mi teoría por este medio por si otro, como yo, necesitaba una respuesta.
salú!
Mi hermana estaba muy mal. Estaba muy triste porque se había separado de su marido. No podía más. Era una sombra, un despojo de sí misma.- No podría ser peor, mi vida está toda al revés. De un momento a otro se fue todo a la mierda y no lo puedo soportar.El marido de un día para otro le dijo que se quería rajar, que se había equivocado, que en realidad él no quería ser parte de esto de formar una familia y ponerse pantalones Légacy y vivir en un barrio cerrado y tener que cercar la pileta por los chicos, etc. Es lógico, lo entiendo. Yo tampoco querría eso pero yo calculo que me hubiera ido antes. Igual el tema era mi hermana que estaba triste.- Nunca he estado tan mal. Me quiero morir... - decía en un suspiro, mirando la incesante lluvia por la ventana. - Eso no es lo más triste - acoté.Me miró descreída, casi con indiferencia.- Lo más triste - seguí - es que se te va a pasar, vas a volver a la normalidad. Vas a conocer a otro ñato que se quiera casar y tener pibes, o vas a convertirte al punkismo y vas a salir a juntarte con otros que estén en igualdad de condiciones. No sé. Pero se te va a pasar.Ella volvió a mirar a la ventana. Lloraba.Tiempo después, unos cuantos meses, apareció en casa con un novio nuevo. Le brillaban los ojitos, estaba contenta, se le notaba.No volvimos a hablar de eso, de su tristeza, de su recuperación. No tenía sentido. Incluso me parece que se olvidó.Sin embargo yo me quedé rumiando, siempre me quedo rumiando con eso.Me alegro por mi hermana, ella ahora está feliz, pero a mi me parece triste, la situación me parece triste porque no dejo de pensar que incluso de aquellas situaciones en las que creemos que no va a poder suceder nada más, incluso de los peores momentos, uno sale, sigue adelante e incluso se olvida, y disfruta. Y no puedo dejar de pensar, llámenme pesimista, dramático, en que al final nada de la vida, nada de nada, tenía tanto sentido.
Un día pensé en cortarme el pelo. Las mujeres, cuando queremos cambiar algo, cuando estamos cansadas de algo, cuando nos hinchamos las pelotas de forma suprahumana, empezamos por afuera, por algo accesorio. Yo ya lo hice, tengo la experiencia de cortarme el pelo y luego arrepentirme, no de forma dramática, pero sí arrepentirme. Entonces esta vez decidí cambiar algo de mi casa. Encontré una mesa que era ideal para tal efecto.
Entonces me la imaginé completamente diferente (como otrora mi pelo). Y en un arranque, un aluvión de actitud salí a comprar los elementos necesarios: pintura, aguarras, un pincel, una lija.
En mi cabeza iba performando mientras volvía a mi casa el trabajo final, iba a quedar increíble, iba a quedar maravillosa, una obra de arte.
Me fui a la terraza con la mesa para lijarla, tenía capas de barniz y cera de años a.
Me costó trabajo, hubo oscuridades que no pude sacar, hubieron puntos irremediables.
Finalmente no quedó blanquita, virgen, como me la imaginaba pero estaba lista para la primer mano de pintura.
Eso hice, bajé a casa, preparé los elementos, mezclé el sintético (rojo profundo) con un poquito de aguarras segun me había dicho mi papá y le entré a dar.
Ay Dios, qué desilusión. Quedaban unas vetas horribles, el color no era el que me habían mostrado en la pinturería, quedaba toda desprolija, la pintura que pretendí deslizar sobre la zonas oscuras parecía hacerme pito catalán.
En ese momento me arrepentí, pensé que me había mandado una flor de cagada. Arruiné mi mesa! La que uso para absolutamente todas mis actividades cotidianas!
La dejé secarse. Al otro día, desconfiada, un poco dolida, y todo le dí otra mano de pintura, con la misma fórmula que me dio mi papá. Mejoró pero nada. Un horror.
Ya desvastada, sabiéndome frustrada, sintiéndome una fucking arruinadora de mesas, igual opté por darme otra oportunidad.
Esta vez lo hice de otra forma, como a mi me parecía.
Le tuve que dar como cinco manos, pero finalmente quedó perfecta. No como me la imaginaba, no como la había visto en mi cabeza, quedó diferente, ni mejor ni peor, diferente. Me vi entonces con las manos llenas de pintura, las uñas sucias, pero satisfecha, orgullosa.Y vez concluida la tarea, viendo mi mesa nueva desde la distancia que da la objetividad (o al reves, es lo mismo) pensé en mi, en mi camino. En las veces en que estuve a esto de largar todo a la mierda y volver a ser secretaria, cara y cómoda, en las veces en que por llorar casi me muero, en aquellas situaciones en que lloré amargamente por el eje perdido.No no. No es, ahora que lo veo, lo que yo esperaba. Es diferente, es mejor.
El futuro nunca es como uno se lo imaginaba. El camino, la forma de llegar a eso, tampoco.
He sido participada a numerosos nacimientos. He recibido invitaciones por todos los costados a darle la bienvenida al mundo a muchos minúsculos individuos a través de ventanas y camitas de acrílico transparente. He visto sus caras de desolación tratando de ver. He visto.Y nunca falta la que dice, y es reiterado, la que pregunta: 'Y vos, para cuándo?'Mis respuestas han ido variando, a veces levanto los hombritos, a veces digo un chiste, a veces sólo me rio. Pero se quedan ahí, expectantes, esperando la respuesta cómplice, en sintonía.- No sos tan joven - osan decirme - Cuando tu madre tenía tu edad vos ya tenías dos hermanos - insisten recalcitrantes.Cuando dije entonces que no era mi intención tener hijos las opiniones estaban divididas en: 'Eso decís ahora' y 'Ya te van a dar ganas'. La división, como ven, es virtual.Hasta que un día, presa del peso de mis pelotas, hastiada de las pelotudeces más totales y absolutas, harta ya de asistir a eventos ajenos en todo sentido, ante la miserable pregunta reaccioné: Es que dentro de 25 años el mundo va a estar lleno de fracasados, y no quiero ser artífice.La que me preguntó le tapó los oídos al nene que llevaba a cuestas, mirándome como si hubiera degollado un pollito con los dientes. Y fui repudiada en silencio.A partir de entonces no he sido invitada. Nunca más.
Lorena le dijo a su papá, médico neurocirujano prestigioso este, que quería ser antropóloga. O socióloga! porque quería ir por el mundo estudiando el comportamiento de las minorías ante el sonido de la participación de Iliana Calabró en cantando por un Sueño, la primer entrega del programa. Ella tenía una teoría y quería corroborarla. Por su puesto, el padre, cuyo padre era médico y el de su padre también, cuyos hijos, o sea los hermanos de Lorena, estaban estudiando en universidades extrangeras sus doctorados y sus maestrías, cuya esposa, la madre de Lorena, era una bióloga que venía investigando no sé qué para el premio Nobel de química y estaba en su etapa final, se opuso rotundamente a la loca idea de su benjamina. - Ni loco te financio esa carrera de mierda. Vos vas a ser médica y punto. Olvidate.- Bueno - dijo ella - No quiero que me la financies ni nada. Te estaba avisando nomás. Lorena tuvo renunciar a la seguridad de papá y ponerse a laburar de de telemarketer, de recepcionista, de secretaria y cuidando viejos para poder estudiar. Y se recibió y se fue por el mundo a probar su hipótesis.Claudia, por otro lado, más o menos por la misma época le dijo a su papá, contador él, quien le llevaba los números a los grandes empresarios de la época, amigo de senadores y diputados, que quería estudiar diseño de indumentaria y ponerse un pequeño local. Iba a tener la particularidad de que la tela iba a ser confeccionada por ella a partir de no sé qué línea ecológica.- Estás loca. Estás delirando, se ve que tomaste pintura con el desayuno. - Quiero estudiar diseño de indumentaria porque...- Entonces olvidate de que yo te pase un peso, la vas a tener que hacer a pulmón, a tu pulmón, porque no estoy de acuerdo.Claudia y Lorena habian sido compañeras de escuela. Cuando se cumplieron los diez años de egresadas y se organizó la mítica fiesta de reencuentro, Claudia fue en su auto último modelo. Tenía las uñas arregladas con francesitas y el pelo rubio y alisado de peluquería. Unas botas que no hablaban castellano y un celular de última tecnología que cuando sonaba tiraba papelitos de colores. Todo eso enmarcaba una cara de culo infernal.Lorena, en cambio, apareció caminando porque la parada del bondi quedaba a unas cuadras del lugar pautado, sin tanto fileteo pero contenta. Su cara tenía alguna que otra arruga, más bien una marca, pero transmitía tranquilidad.Lorena contó que no le había sido facil en absoluto, que tuvo que elegir entre la comodidad económica y chata que le brindaba su padre a cambio de la medicina y sus suenos, que si bien no ha resultado su vida como lo imagino allá por su adolescencia, fue diferente pero mejor. Claudia no lo pudo soportar, se miró las unas, se paró y se fue.