Y sí - me contaba mientras secaba la bombilla del mate - yo ya sabía. Tenía un trabajo en mi casa, alguien vino y enterró algo, no sé, una uña de ratón Mickey, un trocito Dogui con mi nombre tallado, no sé de esas cosas, pero parece que me hicieron un trabajo en mi casa y por eso nos ha ido tan mal el año que pasó. Por suerte fui a ver a Don Benancio. Habrase visto mirá, me vió a los ojos y me dijo: vos tenés un trabajo en tu casa y yo, por 400 pesos te lo quito de ahí y vas a ver cómo las cosas mejoran. Y tal cual, vos sabés? Vino la semana pasada y por ahora todo anda perfecto.
Además, fue también mi cuñada y el dolor ese de la rodilla que tenía se lo sacó y parece que nunca hubiera tenido nada. Te acordás que se cayó aquella vez cuando estaba limpiando la lámpara del living? Bueno, santo remedio. También, la miró y le dijo que tenía tendones demasiado estirados y que por eso le dolía. Se santiguó, dijo algo bajito y mi cuñada salió que no se puede creer, saltando mirá. Tuvo que ir dos veces más porque le dijo que aunque no le dolía tenía como una pelota acá - se señaló la ingle - y se la va a tratar. Por 40 pesos, viste, vale la pena.
Y cuando estuve a punto de salir al ataque para rebatir con mis apelaciones realistas su cuestión folcklórica, cuando por puro deporte apunté directo al centro mismo de su fe, estuve a esto de hacerle un agujero irreversible a su esperanza, vi que, por lo bajo y sin decir palabra, casi sin darse cuenta, me suplicaba que no, que lo deje así, que a esta altura no le quite ese asombro, la sorpresa, que no la frustre, total, qué me cuesta. Por cuarenta pesos semanales supo encontrarle sentido a la semana con su pequeño milagro.
La próxima vez te acompaño - le respondí.
Pelotita
Hace 6 días

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