viernes, 6 de marzo de 2009

Yo estaba triste

Había vuelto de verla. Había hecho un viaje de 35 hs sólamente para verla, porque la extrañaba, pero había tenido que volver y estaba triste.
Entonces volví. Y cuando me bajé del avión me subí al taxi y el tipo que manejaba me miraba por el espejito retrovisor y me hablaba de los cortes de ruta, de la indignación generalizada, de la plata que se roban, le la situación política del país. Yo miraba por la ventana y una camioneta modelo 54, cuyo conductor transpiraba odio, pasaba destartalándose al lado. Y yo me quería poner a llorar porque estaba triste.
Cuando llegué a mi casa quise abrir la puerta y las 186 facturas no me lo permitieron. Yo estaba triste y el piso estaba plagado de amenazas fiscales.
Y cuando fui a la oficina el tipo que está directamente frente a mi contaba sus hazañas nocturas de playboy en una bailanta de Morón, o de Quilmes, y hasta se jactaba de eso.
Y la secretaria pasaba moviendo el culo implacable, acomodándose la camisa, tirando sonrisitas.
Y mi jefe me pedía pelotudeces innecesarias.
Yo estaba triste. Y a nadie le importaba.
Así que si hoy te ofendés por lo que te dije, si pretendés que me sienta culpable porque no te gusta justo hoy que te quisiste poner el pantalón y no te entró, yo no voy a hacer absolutamente nada. Ya se te va a pasar.
El mundo está poblado de mundos, yo tengo suficiente con el propio.

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