Estaba hablando con una amiga que habia ido hacia muy poco a Miami. (lo que hacemos las mujeres: ver fotos, ver qué compró, contar pormenores y pormayores, etc)
Hace unos años atrás me fui a Europa – le dije - Anduve por algunos lugares, todo increíble. Hubo algo que me atrapó que aun no sé qué fue. Algo como en el ambiente, en el aire...
- Argentinos. – me dijo tranquilamente ella.- Allá por las Europas no hay argentinos, No en cantidad, no en exceso como en Miami.Son fácilmente distinguibles, más allá del idioma:
- Cuando en la playa alguno o alguna estaba observando al de al lado, a modo de scanner, de forma exhaustiva.
- Cuando en el medio del mar (A los 20 metros de la playa el agua, tibia y verde agua y transparente como la gelatina, te llega hasta el cuello) hay dos tipos comparando patrimonios (o el tamaño de sus chotas, pero queda mal decirlo)
- Cuando entran y/o salen de AïX en malón llenos de bolsas, o vuelven locos a los vendedores que humildemente ponen la otra mejilla.
- Cuando en la playa se ve un contingente de personas, con sombrilla multicolor, entre 7 y 23 reposeras, 2 o 3 heladeras portátiles, mucha basura alrededor.
- Cuando un auto excede la velocidad y no para en ningún estridente cartel de ‘STOP’ a grito de ‘A mi los canas no me van a parar, yo manejo mejor que todos estos’
- Cuando en el aire se oye una histriónica y absurda queja.
Estuve con uno que me dijo: ‘Ocean Drive (que es una calle turística, un estilo Recoleta, llena de bares y restaurancitos) no da. Allí va todo el mundo. Nosotros no vamos ahí. A nosotros nos parece grasa. Nosotros, los argentinos, somos selectos, diferentes’.
Otro, que era una queja cadente y sin sentido, sin acentos, sin puntuación, dijo: Estos yanquis de mierda no tienen idea, son unos bobos. No saben cómo numerar las calles. Por eso me pierdo. Por qué no lo hacen como Punta del Este? (la meca de varios)
Y a todo esto, frente a nosotros se explayaba un mar cristalino y tibio, sereno como un sueño que te transporta a tu propio paraíso. La temperatura perfecta, las latinas en microtangas, todos sin prejuicio alguno disfrutando de lo que quedaba antes de que venga el huracán Erica, de que empiecen las clases.
Todo el tiempo un avión al menos surcaba el cielo. El aire era caliente pero limpio, no había bocinazos. No tenía otra preocupación que esperar que el día esté lindo para salir al ruedo – dijo, mientras elegía una factura del plato.
- Allí fue que descubrí la razón de ser de los chistes sobre argentinos – prosiguió – y te da un poco de bronca, o vergüenza. Y sin embargo al día 7 empecé a extrañar la contaminación sonora, los apretados viajes en bondi. La voz de Tinelli saludando a Latinoamérica, el chino de enfrente borrando la fecha de vencimiento de los yogures, Radio 10, mi casa, mis deudas. La extrema represión polite me estaba hartando, no escuchaba puteadas, no escuchaba gritos. Todo era tan correcto cuando estaba fuera de los círculos mencionados que aburría... Extrañaba Argentina.
Yo la miraba, no decía nada, simplemente afirmaba con la cabeza por hacer algo.
- Ojo – retomó luego de sacarse con la lengua el dulce de leche que le había quedado en una de las comisuras de los labios – no es una queja, eh? Es pura observación.
Y tragó.
Argentino se nace, no se hace.
Pelotita
Hace 6 días

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