domingo, 25 de septiembre de 2011

Verdad: 1

Hay gente pelotuda.

lunes, 4 de julio de 2011

La historia sin fin

Había una vez un Rey y una Reina. Ellos eran reyes de un pequeño país.
La Reina era inteligente, practica pero algo visceral. Y negadora. Ambas cosas juntas son un cocktail molotov. El Rey era un melancólico vueltero que miraba su corona, la analizaba y usaba su tiempo tratando de responderse cómo es que había llegado allí.
El Rey estaba muy enamorado de la reina, y la reina correspondía su amor. Tenían hijos, un pequeño país que por ser pequeño no se quedaba atras frente a los demás.
Un día el Rey contrató a un General para su ejercito. Lo puso al frente de batalla y lo mandó a jugarse parte de su imperio. El General, llamado Facundo, que no estaba de acuerdo con la estrategia del Rey puso en palabras su punto de vista. El Rey hizo oidos sordos. El General Facundo insistió porque sabía que era un atajo a la derrota, pero el Rey no quiso saber nada y dio la orden.
Al cabo de una noche el General Facundo volvió con la mala noticia. El Rey no dijo nada, la Reina a los gritos ordenó que le cortaran la cabeza.
La plaza se llenó de gente, el General se llamó al silencio. La Reina, rabiosa por haber perdido medio reinado y haciéndo responsable al General Facundo por ello, ordenaba a los gritos que le traigan la cabeza.
El rey fue una noche sin que la Reina supiera al calabozo donde estaba el condenado. Fue a decirle, puerta de por medio puesto que no hubiera soportado verlo a los ojos, que la Reina estaba dolida por lo que había pasado y que lamentablemente le iba a cortar la cabeza, que realmente él lo sentía mucho. Sabía que su reina era capaz de tomar esas decisiones y ejecutarlas. Que eso a él no le gustaba pero no podía hacer nada, su cabeza valía solamente su error, y su reinado estaba lleno de errores. 'Probablemente hace tiempo debería haber tomado una decisión, seguramente debería haber tomado yo las riendas de este país - dijo el Rey - pero lamentablemente tienen que pasar estas cosas para que los actos se precipiten'. 'Pero Señor - dijo el General - estamos hablando de mi cabeza. Yo tengo hijos, tengo esposa. No quiero morir ahora. Y usted, con todo respeto, no hace nada. Yo hice lo que usted me pidió. Yo cumplí órdenes y ahora la Señora pide mi cabeza, la mia, cuando debería pedir la suya' 'Hijo - dijo el Rey - ella lo sabe, pero no puede tolerarlo. Si pide mi cabeza tiene que hacerse cargo de sus propios errores'. 'Hubiera pedido mi cabeza si yo hubiera desoído sus órdenes aunque hubiera de esa manera ganado la batalla, pero ahora la pide por haberlo oído. Hable con ella, no quiero perder mi cabeza' 'Facundo, no puedo con mi reinado, no puedo con mi esposa, menos voy a poder con tu cabeza' Dijo el Rey yéndose, mientras repetía a media voz: 'Perdón, perdón, perdón'
La cabeza de Facundo estaba a punto de rodar por la plaza del centro y el Rey se lamentaba desplomado en su trono, sintiéndose infeliz pero incapaz de ir a acotar a la Reina que, aún sabiendo que el General no tenía la culpa, agitaba a la muchedumbre desde su balcón mostrándose entera y sórdida, de espaldas al Rey porque no podía soportar ver cómo se desmoronaría su reinado si hacia responsable a quienes realmente lo eran.
La cabeza de Facundo finalmente rodó, digno, rubio, triste.
Los Reyes siguen en sus tronos, grandes, absolutos, silenciosos, cada vez más incómodos, a la espera de otro General a quien cortarle la cabeza.

miércoles, 13 de abril de 2011

Evolucion

Bronca
Tristeza
Paz
alegria

Son los pasos lógicos que deberian seguirse cuando se recibe una mala (malísima!) noticia

domingo, 20 de marzo de 2011

Epifania

El jueves me fui a un bar. Fui sola, claro.
Los que estamos solos (o los que 'somos solos', como me gusta escucharle decir a Aleli)
tenemos ciertas licencias. Cuando yo no lo estaba y veía esa imagen se me representaba triste. Hoy es un placer sencillo, humilde.
En fin, me pedí lo de siempre y me senté al lado de una pareja. Esta vuelta me ubiqué en la esquina de la barra entonces estaba tambien un poco de frente a esos dos.
El bar estaba lleno de gente, como todos los jueves. Las chicas de shorcitos ajustados y escotes radicales se paseaban dando un claro mensaje a los tipos que obedientemente lo entendian y hacian lo que se supone tenian que hacer. Pero ellos dos eran absolutamente ajenos a todo eso. Parecia que se conocian de hace rato, que estaban cómodos. Serenos.
Él le estaba hablando de una chica de la que se había enamorado. Le decía que hacía un tiempo la había conocido de casualidad en otro bar, que se pusieron a hablar y fluyó facilmente, como un rompecabezas de seis piezas. Y estaba todo bien pero ella estaba en pareja, con la que convivía pero en ese momento estaba haciendo no se qué, no alcancé a escuchar, afuera, por un tiempo no tan largo. Esas casualidades. Los dos estaban hasta las manos en esa historia, tanto así que finalmente, cuando su pareja volvió, ella le blanqueó la situación y se fue de su casa y de su vida. El rompecabeza terminaba de armarse hasta que ella, que trabajaba con esa pareja y por ende ahora se encontraba sin casa y sin guita, se volvió a Colombia (parece que era de allá) a trabajar ya que había recibido una propuesta significante. El no podia irse y chau pichulandia.
'Fue triste, yo me habia enamorado realmente'
Ella, que lo había escuchado atentamente, tomó la posta.
Su historia habia sido casi la misma. Habia conocido a un tipo, compañero de un curso de no escuché qué, con el que al cabo de dos semanas estaban encajetadisimos. Esos metejones divinos.
Pero el tipo era casado, y no prometía nada. Con la misma serenidad con la que lo habia escuchado contaba que desde el principio las cosas estuvieron claras. El no acusaba crisis matrimonial, y con su mujer llevaban adelante la pincipal fuente de ingresos y además tenia no sé qué otro bondi que imposibilitaba aun mas las cosas. Con el correr de las semanas la claridad dejó de ser tal y se trataban y se decían como si fueran novios. Las cosas se precipitaron cuando él le dijo que empezó a pensar en que quiza podría quedarse definitivamente con ella.
'Yo también me habia enamorado - dijo - y fue tristisimo. Pero hubiera sido mucho peor si yo le hubiera dado cabida a esa duda. Me sentí amada, pero la apuesta era imposible'
Yo seguia en mi butaca, ya iba por la cuarta cerveza cuando ellos pidieron la segunda vuelta. No habia sido una confesión ni estaban despechados ahogando penas. No era nada por el estilo, ni siquiera era triste. Estaban serenos y felices porque los dos coincidian en que habia sido en ambos casos una clase de amor, una especie de cachetada que los despabiló de un letargo mucho más gris que cualquier despedida y los habia hecho sentirse vivos de nuevo. Y lo celebraban y no se arrepentían. Y habian vuelto a sentirse capaces. Brindaron por eso y, cuando ya era una hora prudente y no quedaba nada en ninguno de los tres vasos, él se levantó y tendiéndole la mano le dijo: 'Vamos?'. Y se fueron.
Y yo, satisfecha, tambien me fui.

viernes, 28 de enero de 2011

Epifania diabetica

Hoy escuché a un tipo que hablaba de un asunto familiar. Su pequeño hijo había disparado un inusual pico glucémico y si lo dejaban pasar hubiera sido una catástrofe (lo hubiera sido para él). Entonces, angustiado, relata lo sucedido.
El tipo es un trabajador, un trabajador duro, un obrero digamos. Llega a fin de mes con lo que puede, haciendo malabares. Tiene una esposa, tiene tres hijos, el más chiquito es el que sufrió este desequilibrio y tuvo que pasar internado unos 15 días.
Entonces el tipo cuenta que iba del sanatorio al trabajo y del trabajo al sanatorio, a veces pasaba por su casa a ducharse. Dormía sentado a los pies de la cama, porque su trabajo arrancaba a las 5 am y no quería dejar solo a su hijo y a su esposa. Los otros dos hijos, adolescentes, se ocupaban de la casa y esos menesteres. Entonces iba y venía. Y en el camino aparecían cuestiones como la falta de atención y de medicación en el sanatorio, la falta de pronóstico y de información. Los médicos que se hacían los sotas y le echaban la culpa a la obra social, y la obra social que se lavaba las manos haciendo lo mismo. Y el tipo andaba de acá para allá, viendo que el chico no se estabilizaba y que nadie le tiraba una puta punta. Y seguía, hubiera seguido hasta el infinito si hacia falta.

Cuando todo pasó y yo lo escuché, cuando se sentó en mi mesa, desplomado, y pudo finalmente descansar en el asunto resuelto, dijo: ‘Yo quería estar ahí, yo no me quería perder esto, yo quería sufrir con ellos
Al principio pensé que el tipo era un masoquista o un cuadrado. Luego cuando pude ir más allá (gracias a Dios) comprendí que su deseo había sido genuino, puro.

Ninguna circunstancia iba a volverlo más humano que el dolor. Ni nada lo hubiera disparado más a la certeza de estar vivo.

El tipo tenía un pasado viscoso pero no viene al caso. Con eso fue para mí más que suficiente.

miércoles, 28 de julio de 2010

Sólo empanadas

Juan Hernan Pezo, Pez para los amigos, era un tipo que no tenía suerte. No le venía nada de arriba, ni una le concedía el Barba. No conseguía trabajo, su mujer se había ido con su hermana, al perro le agarró un brote psicótico y se garchó al gato, al canario, le meo el potus y se comió sus ahorros (lo seguía teniendo porque lo había amenzado de morderlo en el mejor de los casos si hablaba)
Una noche de tormenta el viento le arrancó el techo llevándose el split y la antena de DirecTV, recien instalados ambos. Y cuando quiso prender la luz al otro día hizo corto y se le quemaron el resto de los electrodomésticos. El autito que pudo comprarse era 'gemelo' y casi va preso. Era colorado y todos los puteaban por la calle. Se recibió de veterinario después de 9 años de esfuerzo y cuando le iban a dar el título por un error del sistema no quedó registrado, todavía, después de 15 años, aun está tratando de revertirlo.
Una noche que se había cortado la luz quiso prender una vela y se le quemaron las pestañas y los pelos de la verruga de abajo de la nariz, y a partir de entonces los pelos de las pestañas le crecieron en la verruga pero no en los párpados.
De todas maneras ya se había acostumbrado a ese estado.
Un día, volanteando para una parapsicóloga, se encontró a un tipo vestido de empanada en la esquina de Córdoba y Gallo, que abrumado por las desventuras de la profesión - llegó a ese punto una vez vista la escena - decidió dejarle el puesto a Pezo, aunque él lo tomó así cuando se puso el traje que el anterior usuario había dejado. Y bailaba y bailaba un poco ilusionado con la esperanza de que su suerte empezara a cambiar. Luego de tres piezas un gordo desde una combi los llamó y él fue detrás de las tres empanadas a las que secundaba. Una a una se fueron bajando en determinados domicilios. Él los veía desde las ventanas de la parte de atrás bajarse contando la plata que se ve que por su acto cada uno cobraba mientras pensaba en qué hacer, porque si descubrían que él no era él, o sea, el original portador del traje de gomaespuma no le iban a pagar un mango entonces su suerte no había cambiado un carajo y en lugar de un baile publicitario su actuación se habría convertido en una esteril y llana dramatización de su desgracia. Se le ocurrió no sacarse disfraz y quedarse mudo justo un segundo antes de que el gordo le dijera: Vos vas a donde siempre? a la Boca?
y Pez dijo que sí con la punta del repulge, sentadito como estaba atrás.
- Te comieron la lengua, Funes? - Dijo el Gordo.
Y Pez levantó los hombritos persuadiendo al gordo de que deje de hablarle.
Y llegaron a la Boca y Pez se bajó, contando la plata que había ligado casi de queruza, aunque había transpirado la empanada sin dudas. (Afuera del traje hacían 38 grados)
Cuando se fue la combi y quedó solo viendo a través de los agujeritos de los ojos la luz de la luna reflejada en el Riachuelo hediondo, escuchó que de atrás alguien gritaba
- Funes!
Nada, no se dio por aludido. El no era Funes.
- Eh, Funes, so sordo ahora?
Ahí se acordó de que para afuera no era Pez sino Funes y agitó los deditos haciendo seña de que No, pero ya era tarde, tenía tres monos samarréandolo de una esquina a la otra.
- Te hacél vivo? Sabés qué hago yo con lo vivo? - decía en del tatuaje en el hombro.
- No, no soy Funes, soy Pezo, es un error.

Pero antes de escuchar cualquier respuesta volaba sin escalas por encima del tapial que separa el cemento del 'agua'. No sabía como sacarse el disfraz y se ahogó. Pobre Pez.
Dicen los que saben que aún su ánima hostil circula por la zona vestido de empanada. Y algún desprevenido que ha tenido la oportunidad de acercarse asegura que repite sin cansarse que 'El Pez por la Boca muere'

miércoles, 30 de junio de 2010

Flores robadas...

"Pido permiso señores, este tango habla por mi"
''El olvido es la única venganza y el único perdón''
"I remember it well"
''Mi alma no se contenta con haberl perdido''
"Todo lo que me queda es cantarte con el alma, si te regalé la voz''
"Por qué no olvido tu canción, si el río va y no vuelve más"
"Y no sé dónde estás"
"De sentir junto a mi boca como un fuego tu respiración"
(Y pensar que otra a su lado pronto, pronto le hablará de amor)
"Así estoy yo sin ti"
"En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia?"
"Llora mi alma de fantoche"
"Gota de vinagre derramada, fatalmente derramada"
"Todos los dias tienen ese rato en el que respirar es un ingrato deber para conmigo"
"All i've ever learned from love was how to shoot somebody who outdrew you"
"Dónde estaba Dios cuando te fuiste?"
"Qué le habrán hecho mis manos, qué le habrán hecho...?"
"Porque todos lo finales son el mismo repetido"
"Yo hubiera querido estar de una vez en el dia siguiente, yo me quería salir de esa noche"
"Quisiera (volver a) ser un pez"
"Capaz de hacer un mundo y regalartelo después"
"Algunas noches suelo recostar mi cabeza en el hombro de la luna"
"Araca corazon, callate un poco"
"34 puñaladas"
"Y en tus ojos no vi brillos como aquellos"

"20 poemas de amor y una canción desesperada"
"A quien quiera acompañarme le cambio versos por penas, bajo los puentes del Sena de los que pierden el norte, se duerme sin pasaporte y está mal visto llorar"
(La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita)

martes, 8 de junio de 2010

Continúa

He hablado en más de una ocasión de mi, y de mi áspera soledad.
Más de uno me ha visto llorar por causas nimias, pero también porque se me partió el corazón en mil pedazos.
Más de una vez avisé de alguna manera que me dolía el cuerpo, pero más el alma. Pero ojo, también dejé constancia en más de un lado que he sido feliz, muy feliz muchas veces.
He fracasado, y muchos lo supieron y supe reinventarme, es un círculo.
Y sin embargo son pocos .os que se dignan a dejarme un comentario.
(Alguien dijo alguna vez que el artista vive de los aplausos. Mutatis mutandi...)
Lo que más me duele es que me confirme, una vez más, que a pesar de todo el mundo va a seguir girando.

jueves, 3 de junio de 2010

Tres clases de amor

Mirta es viuda y tiene 83 años. Es viuda hace 10 años y es mi vecina. Tiene 3 hijos que nunca aparecen, muchos nietos, creo que algún bisnieto.
Mi vecina goza de buena salud. Todavía le quedan algunas ganas. Es coqueta, ha tenido un buen pasar y lo demuestra. También tiene una acompañante terapéutico.
Un día me crucé a su hijo, que la esperaba en la vereda. Lo saludo y le pregunto por la madre, por su salud (por la acompañante) y me dijo que no, que estaba bien "Mejor que vos y yo" y que la compañía habia sido una desición de ella. Y que no era terapéutico, era compañía.
Ese día era sábado. Me fui.
Al otro día, (los domingos son algídos) encontré en el diario un artículo sobre la cuestión neuroquímica del amor. Decía que había, según las imagenes obtenidas a través de una máquina poderosa y moderna, por eso efectiva, tres clases de amor en la vida de las personas. Una es el impulso sexual, otra el amor romántico y la tercera, el apego.
Alguna fibra me tocó. Yo, que ando atravesando una complicada soledad y que me he arruinado más de un domingo por el patético temor a su irreversibilidad, caí en la cuenta de que no he ido más allá de eso. De que no me puse a pensar en lo que podia pasar si eso tambien pasaba. Pensaba en Mirta, que supo recorrer (le adjudico) correctamente por todos los casilleros esperables del juego de la vida. Y pensé en su resultado.
Tambien pensé en las tres clases de amor y se me ocurrió que no sólo estaban ubicadas específicamente en la anatomía sino que también en el tiempo, que es como una espiral invisible. Al principio es el apego, luego sobresale el impulso sexual, luego se le suma en el mejor de los casos el amor romántico, luego van y vienen y le ceden finalmente importancia al final de la vida al que sobrevive, al apego, que nunca desapareció sino que sostuvo todo lo demás.
Y me acordé de la acompañante de Mirta, que a cualquier precio (literalmente) no quiso quedarse sola.
Y, con el diario en la mano aún, levanté la vista y le dije a la pared: "Esto, entonces, no se va a terminar nunca", y me entristecí.
Pero al rato supe que sólo así podía patear el tablero en el que estaba jugando y jugar a otro juego, el que se me cantara. Y me relajé.
Porque todos, le volví a decir a la pared, juegan al mismo juego y todos los finales son el mismo repetido.

sábado, 8 de mayo de 2010

"Mi cara es de oro (declara en una página famosa de La Aniquilación) pero he macerado la púrpura y he sumergido en la segunda noche la lana sin cardar y he saturado en la tercera noche la lana preparada, y los emperadores de las islas aún se disputan esa ropa sangrienta. Así pequé en los años de juventud y trastorné los verdaderos colores de las criaturas. El Ángel me decía que los carneros no eran del color de los tigres, el Satán me decía que el Poderoso quería que lo fueran y se valía de mi astucia y mi púrpura. Ahora yo sé que el Ángel y el Satán erraban la verdad y que todo color es aborrecible."*

* De El tintorero enmascarado Hákim de Merv, en Historia universal de la Infamia, de J.L. Borges.

miércoles, 28 de abril de 2010

Lobo estás?

Hoy tuve una visión.
Y no estoy loca, me refiero a que llegó a mi desde el pozo más profundo, fue puro patetismo, fue un baldazo de tristeza fria, helada, a la nuca directo. No estoy exagerando, lo juro. Es sólo que aun estoy en shock.
Iba caminando por Florida a la hora en que las sabandijas salen a ver qué se pueden llevar. Había quedado con una amiga para almorzar (dejé de frecuentar la zona hace rato, gracias a Dios) y no me quedó otra que cruzarla a pata.
Florida es una especie de Babel en más de un sentido. Encontrás de todo, es una gran vidriera. Más que Babel es una caja de Pandora abierta y en exposición.
Han proliferado entre otros yuyos los sexshop de una manera contundente, con convicción y sin control de calidad.
Entonces decía que iba caminando entre esa montaña de personas cuando veo que me voy acercando a una Caperucita roja. Hablo en serio. Yo avanzaba y frente a mi veía una mujer, de espaldas, con una caperucita roja: una capa roja con puntillas blancas ribeteándola que cubría su espalda hasta la altura de las lumbares, o quizá un poco menos. Hasta ahí era una más entre todos los demás. Uno se pone en píloto automático y deja pasar ciertos estímulos para no llegar exausto a destino. Es un mecanismo de defensa o es que ya lo sabemos, no lo sé. En cualquier caso es útil. El punto es que cuando pasé por al lado se me ocurrió (y ojalá no lo hubiera hecho) mirar el cartel que sostenía, y me encontré con una sorpresa que me sacó de mi estado de ronroneo, de mi adormecido acostumbramiento. Debajo de esa capa roja con puntillas blancas aparecía la cara de una mujer de unos 63 años, vencida, arrugada y triste. Ella sostenía su pizarra blanca que con un marcador sin demasiada tinta indicaba una dirección, algo decía. Yo no me salía del estupor. No lo podía creer. La mujer me miró como a cualquier otro. La gente alrededor no le prestaba atención, pasaba a su lado hablando con sus celulares, mirando la hora, comiendo un helado, hablando en inglés y yo estaba a punto de quebrar. Y ella ahi repartía los volantes sosteniendo la pizarrita y disfrazada de una despojada Caperucita roja. Podría ser mi mamá, podría ser la tuya y estaba allí, disfrazada, humillada y más allá de todo.
Estas sacudidas, estas grietas en lo habitual me perturban. Me despiertan de mi sueño calentito y me hacen dar un paseo por un bosque siniestro.
Por la noche alguien me dijo: Era un demonio, ponele un nombre! Pero no se me ocurre. El demonio era todo lo demás. La miseria se manifestó en la peor de sus facetas porque se presentó como mi peor pesadilla.
El demonio era yo.
Por favor, no pasen por ahí.

martes, 27 de abril de 2010

Yo, bellota

Invito a leer la nota a continuación.
(de La Nación Revista, 25 de abril pasado)

Muchas mañanas- Dice Marina, la lectora - cuando salgo a trabajar, estudiar, empezar mi rutina, pienso por qué a veces no siento esa alegría, esa cosita inexplicable de cuando uno está donde quiere estar. Me pregunto también dónde quiero estar. ¿A la mayoría nos pasa? ¿Cuántos de nuestros actos son automáticos, como si no tuviéramos más remedio que hacer lo que hacemos? Olvidamos que tenemos libertad de inventar, reinventar y elegir en parte nuestra vida para ser más felices. También pienso lo complejo que es buscar siempre estar mejor. Nos debe pasar a muchos esto de acostumbrarnos a la forma en que creamos nuestras vidas y creer que las cosas son así, que no tenemos control. Hablo con muchas personas y encuentro que todos tenemos ese sueño compartido (cambiar en parte nuestras vidas), que va más allá de lo material. ¿Por qué uno se vuelve a inquietar y nunca deja de buscar?

En el teatro griego - le responde Sergio Sinay, el autor -los roles del drama que se representaba se dividían entre el protagonista, los deuteragonistas y los tritagonistas. Agonista significa luchador, combatiente. Protos es el primero, déuteros es el segundo, y así. Como los dramas teatrales, también nuestra vida se desarrolla en un escenario y tiene un hilo conductor. Una trama. Podemos ser protagonistas o quedar en lugares subsidiarios. La trama, aunque lo sintamos así, nunca nos será ajena. Parte de la misma se presenta ante nosotros ya escrita y nos pide que continuemos de puño y letra con el texto, que pongamos en él lo nuestro. Otras veces, en pleno desarrollo, aparece lo inesperado, algo que no estaba en el argumento original. A todo esto podemos llamarlo imponderable. Hay quienes le dicen azar y existen los que, simplemente, buscan culpables para el imprevisto. Sin embargo, así son las reglas del juego. No estamos ciegamente predeterminados (¿para qué se nos habrían dado, si no, la conciencia y el libre albedrío?). Pero no somos dueños y señores de nuestras circunstancias. Obramos sobre ellas, respondemos a lo que escapa de nuestra previsión o nuestro deseo.
Ocurre a menudo que nos encontramos viviendo argumentos que nos parecen inamovibles, porque así nos lo han hecho creer a través de mandatos, de creencias, de manipulaciones (íntimas o colectivas, privadas o públicas). Y lo usual es que esos guiones violenten las necesidades verdaderas de nuestro ser, que violenten nuestra alma. Que nos produzcan hambre emocional, afectivo, espiritual. Vacío de sentido. Lo podremos detectar en un trabajo o profesión que, más allá de lo exitoso que luzca, nos aleja de toda sensación de realización. O en relaciones (amistades, pareja) a las que nos aferramos por temor a la soledad, aunque nos dejen en la peor de las soledades, como es la de una compañía con la que no compartimos sueños, proyectos, propósitos, metas, caminos. Lo sentiremos también en el cumplimiento de rutinas mecánicas, sin significado (puesto que existen rutinas plenas de contenido, como la de quien emprende puntualmente el ejercicio de una tarea que lo colma o la de quienes, amándose, se reencuentran una y otra vez al final de cada jornada).
El terapeuta James Hillman, pensador poderoso, creador de la psicología de los arquetipos, sostiene (en El código del alma ), la teoría de la bellota. Es sencilla y profunda. Cada bellota del roble, dice, guarda la semilla, y en ésta se halla el árbol completo. Aun sin ayuda (agua, buena tierra, cuidado), la semilla contenida en la bellota tenderá a desarrollarse. Lo hará como pueda, hará lo que pueda. Cada vida guarda, como una bellota, una imagen profunda, inconsciente e intransferible, "una guía que lo acompaña a uno y le recuerda su vocación". Cuando esa imagen es olvidada, dice Hillman, los recordatorios aparecen de muchas maneras. Los malestares emocionales, psíquicos o incluso físicos son algunas de ellas. El alma espera que desarrollemos nuestra imagen profunda, nuestro ser verdadero, explica Hillman. Que salgamos de los formatos prediseñados, en apariencia cómodos y seguros, pero generadores de la incertidumbre que describe nuestra amiga Marina. Mientras tanto, el alma está contrariada. Ella nos quiere protagonistas, con todos los riesgos. No, deuteragonistas, alejados del centro de nuestro escenario existencial. Mientras así no ocurre, la búsqueda continúa.


martes, 16 de marzo de 2010

ojo, va con humildad.

A aquellos que a veces pasan por acá y no encuentran nada nuevo, les digo (siguiendo el consejo de alguien), que no es falta de voluntad, ni siquiera falta de tiempo (que falta pero no tanto) sino que aun estoy reparando algunas cosas.
Sepan disculpar.
Sepan esperar.

sábado, 6 de febrero de 2010

Una historia contenta

Habia tres hermanas, las hermanas Pena. En realidad se llamaban de apellido Peña, pero por esa fastidiosa crueldad de los registros de las personas de antes, cuando los grandes las precedieron, los anotaron con N. Se llamaban, entonces, Pena.
No se hacían problema, al contrario, a ellas les resultaba importante esa historia porque su vida era tan aburrida y vetusta que necesitaban algo para poder contar sobre ellas. No estaban contentas con su vida, digamos. No eran agraciadas en absoluto. Cuando se juntaban a 'tomar el te' parecía una reuníon de consorcio del puerto de Mar del Plata: dos lobos marinos y una foca. (hasta los bigotes tenían las hijas de remilputas).
Jugaban, todas las mujeres de su condición deben hacerlo, al Quini 6. Fantasear con llevarse el pozo las hacia soportar la sensación de fracaso absoluto. Y, sorteando cualquier estadística una vez tuvieron un día tanto orto que lo sacaron, solo ellas (siempre compraban uno entre las tres), con un pozo que venía vacante desde hacía 6 meses: Un fortuna.
Tanta avidez tenían de ser alguien más en el mundo que decidieron que iban a cambiar de vida. Ahora podian, sí! Su sueño amasado por tantos años ahora era pausible de ser concretado. Fueron a Figurella, a Slim, a Ravena, a lo de Rímolo. Se pusieron electrodos hasta en las pestañas. Compraron pelo natural de tenistas rusas y modelos suecas para no ser menos que las extensiones de Su, se pusieron tetas, labios, uñas y los dientes faltantes y después de 6 meses salieron. Parecían las Trillizas de Oro con un petardo ern el tujes cada una. Compraron una mansión en la Boyita, al lado de la de Tinelli, a la que volvieron una zona de glamour y fantasía. Se hicieron amigas de Marcelita Tinayre, de Leticia Bredice, de Marta Minujin y de Flavia Palmiero. Eran top top. Pero se sentían inhibidas por la figura y el porte de Ricardo Fort, esa sensación de fracasdo y autestima nula seguía amenazando desde algún Rolls Roy de Miami y se les hacía insoportable. No querían volver a estar en el infierno y decidieron tomar alguna medida. Y a problemas extremos soluciones extremas: programaron una fiesta en esa mansión y, para hacerla más fastuosa e inolvidable (conuna gigantografia de Peter Sellers con barniz marrón como cartel de bienvenida) llenaron la pileta con Don Perignón. Era el paraíso de los trasnochados. Nadie se quiso perder esa fiesta. Gastaron un porcentaje significativo de su jóven fortuna pero la hubieran puesto todas con tal de brillar. Con esta sí que salimos en la Gente! Dijeron contentas, al son del hitazo de Zulma Lovato, y se tiraron a la pileta en bombita, dejando una estela de brillos de oro tras sambullirse en la parte honda.
- No, no! dijo el jardinero, no se tiren chicas! No saben nadar!!!! - él las conocía desde chiquititas. Era lo único de su pasado que habian conservado.
- Pero si no lo necesitamos!!! - Dijeron a coro. Y ante la mirada entre desesperada y atónita de los invitados, dijeron:
- Hasta el más tonto sabe que las Penas no se ahogan en el alcohol!

jueves, 4 de febrero de 2010

Reivindicación

Esta mañana un relator de noticias decía que hace un mes de la muerte de Sandro. Sandro me gusta, me dio tristeza su muerte, pero sobre todo porque la suya fue la condensación de otras muertes recientes, cercanas.
Cuando era chica me atormentaba saber que todo era finito, que nada es para siempre. Entonces me detenía a pensar en las cosas que más quería y me entristecía saber que iba a llegar el momento en que iba a perderlas.
Hace un rato, cuando pisé la calle en este día amarillo y húmedo, brillante, recordé, como un pequeño sismo, un día en particular en otro lugar, en otra ciudad, que compartí con la persona que más amé (y aún a veces duele). Y me quedé parada ahí, tratando de retener por más de un segundo esa sensación. Y cuando se me fue volví a sentir aquella tristeza, me estremecí pensando en lo que no tiene reverso pero decidí, porque de eso se trata, cerrar los ojos y sonreír.
'Todos sucede por algo', se me ocurrió pensar.
Y si no es así, habrá que inventarle un motivo. Que no sea en vano.

jueves, 14 de enero de 2010

Perspectivas

Estoy leyendo un libro. En él, un soldado, habiendo estado en el infierno (o la guerra, que es lo mismo) a la vuelta, 20 años después, no entiende a los demás.
Dice que se siente un extraterrestre cuando ve a la gente preocuparse porque no tiene un trabajo, o porque no puede pagar el seguro de su auto. No recuerdo exáctamente cuáles son las situaciones cotidianas que enumera pero es más o menos algo así.
Luego, su interlocutor en la historia le responde alguna boludez pero recuerda, como si en ese momento cobrara sentido, una frase, algo así como 'Gracias a Dios, aun nos queda la muerte'. Yo no la entendí, y cerré el libro. No estoy teniendo muy buena relación con la muerte últimamente.

Días más tarde prendí la tele y me puse a mirar una serie que trata de un tipo que es policia o detective o algo que resuelve casos difíciles. Todo esto viene a raíz de que años atras reventaron a su propia familia. Antes de ese episodio era un tipo que se ganaba muy bien la vida engatuzando gente con trucos de habilidad mental, un Tony Kamo del primer mundo incapaz de tener registro de nada que no tuviera que ver con él mismo.

Antes que eso, incluso antes de leer el libro, me pasó a mi, a nosotros, que estando en una sala de espera de una terapia intensiva, sosteniendo congoja y esperanza con los dientes apretados (como para que no se escape), las enfermeras del servicio dejaban sus puestos de trabajo porque uno de los que alli estábamos alguna vez salió en la tele y querían una foto, y me indigné hasta la verija.

Sin embargo no tenía razón en enojarme. Las miserias siempre son absolutamente individuales, propias, y solamente quien haya tenido que pasar por una penosa contingencia puede cambiar de sentido, de dirección, de perspectiva. No se trata de otro, de otros, allí donde está la muerte en cualquiera de sus formas no hay vínculos, sólo lugares de los que no se puede volver.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Cuento aterador

En un pequeño pueblo de una provincia cualquiera del interior profundo del país un día empezó a llover. Llovió por un día y medio y después paró, pero fue suficiente para que se inundara todo. Después de la lluvia el pueblo estaba con 25 cm de agua. Era un pueblo establecido en una suerte de depresión del terreno, es decir, no estaba sobre el nivel del mar, estaba un chiquitín más abajo, entonces hacía un efecto palangana que conservaba el agua en su lugar. Los habitantes del pueblo andaban con los pantalones arremangados y agarrándose la cabeza. Luego de dos días el agua bajó, pero ahora tenía 17 cm. Y no bajó más. No se iba, no había manera.
No perdieron la cosecha porque los que tenían campo los tenían en los alrededores, donde no había llegado el agua porque estaba a otro nivel, más arriba. Los animales también, estaban en el campo por ende corrieron la misma suerte que los sembrados. Estaba todo bien, no iban a morir de hambre, es sólo que tenían 17 cm inamovibles de agua.
Pasaron los días. A la quinta semana después de lo sucedido, cuando ya quedó establecido que iba a quedar así, cuando ya no había esperanzas de que cambiara el panorama decidieron juntarse para tomar alguna medida, presentar estrategias, algo.
Se juntaron en la municipalidad. Estaba el intendente, estaba el secretario de salud, estaba el concejo deliberante, estaban los secretarios, estaba el juez de paz, había tres escribanos y varios civiles interesados. No había mucho espacio, hacia bastante calor y había una humedad repugnante así que con las debidas disculpas cerraron las puertas del salón de actos.
Por algún motivo que no soy capaz de replicar aquí no se podía tocar el sistema de desagüe, una complicación relacionada con la cañería. Un tema de ingenieros.
No encontraban una forma en lo inmediato de desagotar. Además, convengamos, solamente contaban con mano de obra, el pueblo no tenía dinero y el Estado no estaba dispuesto a subsidiar ninguna obra. Al parecer estaba establecido en algún libro de actas de vaya a saber qué asamblea que el estado iba a dar una ayuda económica sí y sólo si el agua sobrepasaba los 20 cm.
Había que pensar algo con lo que había.
Estaban todos reunidos, con los pantalones arremangados y/o botas de goma, acalorados, con caras de preocupación, pensando qué hacer.
La conclusión a la que llegaron finalmente, aunque muy a pesar de todos, fue elevar el nivel del piso. Al día siguiente saldrían camiones de carga a conseguir arena, piedras lo que encontraran para rellenar el piso, para ganarle ‘altura’ al agua, como decían algunos para ilustrar el procedimiento cuando lo hicieron público al resto de los habitantes, los que no habían participado de la reunión, para empezar cuanto antes.
Imagínense el laburo que conllevaría, porque todas las construcciones edilicias estaban afectadas, no sólo las calles y las veredas. Había agua por todos lados. Agua en la calle, en la plaza, en las casas de familia, en las iglesias, en la municipalidad, agua en las estaciones de servicio, en las escuelas, en las verdulerías, en la concesionaria de autos, en la biblioteca, en el cementerio (daba miedo la sola idea de pensar en qué pasaría si la tierra que contenía a los muertos de repente se empezara a ablandar), en los talleres de autos, en la cooperativa, en las canchas de fútbol, de basquet, en los jardines de infantes, en las pequeñas fábricas, en la joyería, en la bicicletería, en todos lados, absolutamente todos lados había 17 cm de agua.
Y se acercaba navidad, era 7 de diciembre y había que llegar al 24 a la noche con las cosas solucionadas porque sinó iba a ser un horror. Todos los festejos pasados por agua serían incncebibles.
A alguien, a algún fantasioso se le ocurrió escribir esta historia y venderla a algún productor o escritor y con eso hacer unos mangos para agilizar las obras necesarias.
Viajó a la Capital luego de concertar una reunión con alguno de los posibles interesados y, prolijamente y con respeto, se acostumbraba en el pueblo, presentó la idea. Había armado una carpeta, había pasado todo a máquina (las computadoras no se podían usar porque con el agua era un peligro), todo precioso.
El tipo con el que se reunió, al cabo de terminar con la última hoja de su borrador, le dijo:
- No señor Bauer, no tendría sentido. Esto no vende.
- Pero cómo que no? Si es una historia que no había pasado nunca. Hubieron inundaciones pero nunca tan largas y tan raras. Ojo, no le quiero vender gato por liebre, pero es una buena historia para hacer una película, o una novela, no sé...
- Lo lamento Bauer. Tiene razón, pero no va a poder ser. Usted vea. Todos estamos al tanto, sabemos de qué se trata el cine catástrofe. Una ola de 500 km de altura destruye todo Manhatan, un meteorito cae sobre NY y explota todo. Un cambio climático producido por la contaminación ambiental hace que la Estatua de la Libertad tiemble de frío...
- Pero...
- Espere, déjeme terminar. Todas estas cosas ocurren en Estados Unidos, que tienen derecho porque tienen la tarasca y a los superhéroes, aunque por el mismo motivo, pero los tienen.
- Si... – Bauer empezaba a entender.
- Usted me entiende, no? Yo con todo gusto le compraría la historia pero no lo voy a hacer porque no me resulta redituable. Imagínese. Saltamos de ver un terremoto que parte al medio Beverly Hills a contemplar una chata y mesurada inundación en un pueblo de Sudamérica, donde no pasa, en realidad, nada más que eso.
- Entiendo.
- No se me ponga así hombre. Ya se va a ir el agua de alguna manera. No se ponga triste. Ahora mi secretaria le va a pasar el número de una periodista que conozco, es una amiga, que le va a hacer una nota. Para que al menos no se vaya de la Capital sin haber salido por la tele.
- Bueno...
- Además, Bauer, nadie quiere ver, nadie en su sano juicio querría involucrarse con una historia como esta, tan real que podría pasarle a cualquiera. Téngalo en cuenta para la próxima. Al menos agréguele algo de fantasía. Me entiende? Yo me pongo en el lugar de todos, porque yo soy todos. Cuando veo las noticias generalmente me detengo en el oso que casi se lastra al suizo que se pasó de vivo en un zoo de Rusia, o en la historia de la modelo más alta del mundo, ni loco me pongo a escuchar a mi vecino, que trabajando a la par mío perdió todo por la crisis o por un mal negocio. No, Bauer, porque eso me podría pasar a mi, y no quiero saber nada. Lo mismo con estas películas... Usted sabe de qué le hablo. Ahora vaya, cualquier cosa me llama.
Bauer salió y la secretaria lo recibió con un número de teléfono y una dirección de mail, la mia. No alcanzó a salir en la tele, los minutos salen caros y las noticias tienen un ranking. No todas salen. Lo único que llegué a hacer, por Bauer, por el pueblo, es dejar, al menos, esta humilde crónica.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Tránsito

Tengo una teoría.
He tratado de estar a la altura de las circunstancias, he investigado y leído porque este asunto me ha quemado la cabeza de una manera radical. Le sostuve la vela a mi convicción porque no me dejaba dormir. Y he llegado, por fin, a una conclusión.
Las mujeres manejan como aman.
Claro, usted dirá: qué poronga tiene que ver la forma de amar con la de manejar?
Oiga, no me malinterprete, no me refiero al acto, a cómo cogen las minas... no se me vaya por la tangente. Yo sé que da para el chiste fácil... pero esto que digo es muy serio, y tiene lógica.
Las mujeres y los hombres aman de forma diferente. Los hombres aman, los hombres ceden, los hombres de hecho consideran que ceder es el acto más perfecto de amor porque andan dando amor. Envuelven a sus partenaires con el cálido sentimiento y cuando se enamoran ellas pasan a ocupar el lugar más alto en su montana de prioridades.
Las mujeres, en cambio, aman a quien las ama. Son seductoras, son atractivas, son lindas. Toman... son narcisistas. Las mujeres aman de forma narcisista. Ellas van por la vida (amorosa) demandando atención. Son caprichosas (la excepción justifica la regla. Conozco gracias a Dios varias hermosisimas excepciones), son egocentricas. Vienen y te dicen 'pero cómo no me viste? cómo no ten diste cuenta de que fui a la peluqería a cortarme las puntas?' Se entiende, no? por espejo o por rechazo se van a identificar.
Es decir, a grandes rasgos, las mujeres andan por la vida luciendo un agujero, los hombres van por la vida tapándolo.
Y cuando pude vislumbrar esta diferencia vi que se trata de eso. Las mujeres manejabn sus autos como a la vida amorosa. No les importa mucho el que viene manejando detras, no miran la mayoría de las veces el espejo retrovisor y si ocurre un accidente es el otro el que ha tenido la culpa. Entienden??? no manejan mal, no les falta pericia en absoluto. Las mujeres son mucho más prácticas y resolutivas que cualquier tipo, eso está más que claro, es sólo que no se dan cuenta. Van por la calle como diciendo: 'es obvio que acá estoy yo'.
Estoy muy equivocado? Es probable.
Yo sé que muchas mujeres se me van a venir al humo, sé que se van a sentir agraviadas en su fuero más íntimo.
Yo sólo replico mi teoría por este medio por si otro, como yo, necesitaba una respuesta.
salú!

sábado, 21 de noviembre de 2009

Peor

Mi hermana estaba muy mal. Estaba muy triste porque se había separado de su marido. No podía más. Era una sombra, un despojo de sí misma.
- No podría ser peor, mi vida está toda al revés. De un momento a otro se fue todo a la mierda y no lo puedo soportar.
El marido de un día para otro le dijo que se quería rajar, que se había equivocado, que en realidad él no quería ser parte de esto de formar una familia y ponerse pantalones Légacy y vivir en un barrio cerrado y tener que cercar la pileta por los chicos, etc.
Es lógico, lo entiendo. Yo tampoco querría eso pero yo calculo que me hubiera ido antes.
Igual el tema era mi hermana que estaba triste.
- Nunca he estado tan mal. Me quiero morir... - decía en un suspiro, mirando la incesante lluvia por la ventana.
- Eso no es lo más triste - acoté.
Me miró descreída, casi con indiferencia.
- Lo más triste - seguí - es que se te va a pasar, vas a volver a la normalidad. Vas a conocer a otro ñato que se quiera casar y tener pibes, o vas a convertirte al punkismo y vas a salir a juntarte con otros que estén en igualdad de condiciones. No sé. Pero se te va a pasar.
Ella volvió a mirar a la ventana. Lloraba.
Tiempo después, unos cuantos meses, apareció en casa con un novio nuevo. Le brillaban los ojitos, estaba contenta, se le notaba.
No volvimos a hablar de eso, de su tristeza, de su recuperación. No tenía sentido. Incluso me parece que se olvidó.
Sin embargo yo me quedé rumiando, siempre me quedo rumiando con eso.
Me alegro por mi hermana, ella ahora está feliz, pero a mi me parece triste, la situación me parece triste porque no dejo de pensar que incluso de aquellas situaciones en las que creemos que no va a poder suceder nada más, incluso de los peores momentos, uno sale, sigue adelante e incluso se olvida, y disfruta. Y no puedo dejar de pensar, llámenme pesimista, dramático, en que al final nada de la vida, nada de nada, tenía tanto sentido.