domingo, 6 de diciembre de 2009

Tránsito

Tengo una teoría.
He tratado de estar a la altura de las circunstancias, he investigado y leído porque este asunto me ha quemado la cabeza de una manera radical. Le sostuve la vela a mi convicción porque no me dejaba dormir. Y he llegado, por fin, a una conclusión.
Las mujeres manejan como aman.
Claro, usted dirá: qué poronga tiene que ver la forma de amar con la de manejar?
Oiga, no me malinterprete, no me refiero al acto, a cómo cogen las minas... no se me vaya por la tangente. Yo sé que da para el chiste fácil... pero esto que digo es muy serio, y tiene lógica.
Las mujeres y los hombres aman de forma diferente. Los hombres aman, los hombres ceden, los hombres de hecho consideran que ceder es el acto más perfecto de amor porque andan dando amor. Envuelven a sus partenaires con el cálido sentimiento y cuando se enamoran ellas pasan a ocupar el lugar más alto en su montana de prioridades.
Las mujeres, en cambio, aman a quien las ama. Son seductoras, son atractivas, son lindas. Toman... son narcisistas. Las mujeres aman de forma narcisista. Ellas van por la vida (amorosa) demandando atención. Son caprichosas (la excepción justifica la regla. Conozco gracias a Dios varias hermosisimas excepciones), son egocentricas. Vienen y te dicen 'pero cómo no me viste? cómo no ten diste cuenta de que fui a la peluqería a cortarme las puntas?' Se entiende, no? por espejo o por rechazo se van a identificar.
Es decir, a grandes rasgos, las mujeres andan por la vida luciendo un agujero, los hombres van por la vida tapándolo.
Y cuando pude vislumbrar esta diferencia vi que se trata de eso. Las mujeres manejabn sus autos como a la vida amorosa. No les importa mucho el que viene manejando detras, no miran la mayoría de las veces el espejo retrovisor y si ocurre un accidente es el otro el que ha tenido la culpa. Entienden??? no manejan mal, no les falta pericia en absoluto. Las mujeres son mucho más prácticas y resolutivas que cualquier tipo, eso está más que claro, es sólo que no se dan cuenta. Van por la calle como diciendo: 'es obvio que acá estoy yo'.
Estoy muy equivocado? Es probable.
Yo sé que muchas mujeres se me van a venir al humo, sé que se van a sentir agraviadas en su fuero más íntimo.
Yo sólo replico mi teoría por este medio por si otro, como yo, necesitaba una respuesta.
salú!

sábado, 21 de noviembre de 2009

Peor

Mi hermana estaba muy mal. Estaba muy triste porque se había separado de su marido. No podía más. Era una sombra, un despojo de sí misma.
- No podría ser peor, mi vida está toda al revés. De un momento a otro se fue todo a la mierda y no lo puedo soportar.
El marido de un día para otro le dijo que se quería rajar, que se había equivocado, que en realidad él no quería ser parte de esto de formar una familia y ponerse pantalones Légacy y vivir en un barrio cerrado y tener que cercar la pileta por los chicos, etc.
Es lógico, lo entiendo. Yo tampoco querría eso pero yo calculo que me hubiera ido antes.
Igual el tema era mi hermana que estaba triste.
- Nunca he estado tan mal. Me quiero morir... - decía en un suspiro, mirando la incesante lluvia por la ventana.
- Eso no es lo más triste - acoté.
Me miró descreída, casi con indiferencia.
- Lo más triste - seguí - es que se te va a pasar, vas a volver a la normalidad. Vas a conocer a otro ñato que se quiera casar y tener pibes, o vas a convertirte al punkismo y vas a salir a juntarte con otros que estén en igualdad de condiciones. No sé. Pero se te va a pasar.
Ella volvió a mirar a la ventana. Lloraba.
Tiempo después, unos cuantos meses, apareció en casa con un novio nuevo. Le brillaban los ojitos, estaba contenta, se le notaba.
No volvimos a hablar de eso, de su tristeza, de su recuperación. No tenía sentido. Incluso me parece que se olvidó.
Sin embargo yo me quedé rumiando, siempre me quedo rumiando con eso.
Me alegro por mi hermana, ella ahora está feliz, pero a mi me parece triste, la situación me parece triste porque no dejo de pensar que incluso de aquellas situaciones en las que creemos que no va a poder suceder nada más, incluso de los peores momentos, uno sale, sigue adelante e incluso se olvida, y disfruta. Y no puedo dejar de pensar, llámenme pesimista, dramático, en que al final nada de la vida, nada de nada, tenía tanto sentido.

viernes, 30 de octubre de 2009

Como la vida

Un día pensé en cortarme el pelo. Las mujeres, cuando queremos cambiar algo, cuando estamos cansadas de algo, cuando nos hinchamos las pelotas de forma suprahumana, empezamos por afuera, por algo accesorio. Yo ya lo hice, tengo la experiencia de cortarme el pelo y luego arrepentirme, no de forma dramática, pero sí arrepentirme. Entonces esta vez decidí cambiar algo de mi casa. Encontré una mesa que era ideal para tal efecto.
Entonces me la imaginé completamente diferente (como otrora mi pelo). Y en un arranque, un aluvión de actitud salí a comprar los elementos necesarios: pintura, aguarras, un pincel, una lija.
En mi cabeza iba performando mientras volvía a mi casa el trabajo final, iba a quedar increíble, iba a quedar maravillosa, una obra de arte.
Me fui a la terraza con la mesa para lijarla, tenía capas de barniz y cera de años a.
Me costó trabajo, hubo oscuridades que no pude sacar, hubieron puntos irremediables.
Finalmente no quedó blanquita, virgen, como me la imaginaba pero estaba lista para la primer mano de pintura.
Eso hice, bajé a casa, preparé los elementos, mezclé el sintético (rojo profundo) con un poquito de aguarras segun me había dicho mi papá y le entré a dar.
Ay Dios, qué desilusión. Quedaban unas vetas horribles, el color no era el que me habían mostrado en la pinturería, quedaba toda desprolija, la pintura que pretendí deslizar sobre la zonas oscuras parecía hacerme pito catalán.
En ese momento me arrepentí, pensé que me había mandado una flor de cagada. Arruiné mi mesa! La que uso para absolutamente todas mis actividades cotidianas!
La dejé secarse. Al otro día, desconfiada, un poco dolida, y todo le dí otra mano de pintura, con la misma fórmula que me dio mi papá. Mejoró pero nada. Un horror.
Ya desvastada, sabiéndome frustrada, sintiéndome una fucking arruinadora de mesas, igual opté por darme otra oportunidad.
Esta vez lo hice de otra forma, como a mi me parecía.
Le tuve que dar como cinco manos, pero finalmente quedó perfecta. No como me la imaginaba, no como la había visto en mi cabeza, quedó diferente, ni mejor ni peor, diferente.

Me vi entonces con las manos llenas de pintura, las uñas sucias, pero satisfecha, orgullosa.
Y vez concluida la tarea, viendo mi mesa nueva desde la distancia que da la objetividad (o al reves, es lo mismo) pensé en mi, en mi camino. En las veces en que estuve a esto de largar todo a la mierda y volver a ser secretaria, cara y cómoda, en las veces en que por llorar casi me muero, en aquellas situaciones en que lloré amargamente por el eje perdido.
No no. No es, ahora que lo veo, lo que yo esperaba. Es diferente, es mejor.
El futuro nunca es como uno se lo imaginaba. El camino, la forma de llegar a eso, tampoco.

viernes, 23 de octubre de 2009

Sin ánimo de herir susceptibilidades

He sido participada a numerosos nacimientos. He recibido invitaciones por todos los costados a darle la bienvenida al mundo a muchos minúsculos individuos a través de ventanas y camitas de acrílico transparente. He visto sus caras de desolación tratando de ver.
He visto.
Y nunca falta la que dice, y es reiterado, la que pregunta: 'Y vos, para cuándo?'
Mis respuestas han ido variando, a veces levanto los hombritos, a veces digo un chiste, a veces sólo me rio. Pero se quedan ahí, expectantes, esperando la respuesta cómplice, en sintonía.
- No sos tan joven - osan decirme - Cuando tu madre tenía tu edad vos ya tenías dos hermanos - insisten recalcitrantes.
Cuando dije entonces que no era mi intención tener hijos las opiniones estaban divididas en: 'Eso decís ahora' y 'Ya te van a dar ganas'. La división, como ven, es virtual.
Hasta que un día, presa del peso de mis pelotas, hastiada de las pelotudeces más totales y absolutas, harta ya de asistir a eventos ajenos en todo sentido, ante la miserable pregunta reaccioné: Es que dentro de 25 años el mundo va a estar lleno de fracasados, y no quiero ser artífice.
La que me preguntó le tapó los oídos al nene que llevaba a cuestas, mirándome como si hubiera degollado un pollito con los dientes. Y fui repudiada en silencio.
A partir de entonces no he sido invitada. Nunca más.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Subite a tu ilusion superesport

Lorena le dijo a su papá, médico neurocirujano prestigioso este, que quería ser antropóloga. O socióloga! porque quería ir por el mundo estudiando el comportamiento de las minorías ante el sonido de la participación de Iliana Calabró en cantando por un Sueño, la primer entrega del programa. Ella tenía una teoría y quería corroborarla. Por su puesto, el padre, cuyo padre era médico y el de su padre también, cuyos hijos, o sea los hermanos de Lorena, estaban estudiando en universidades extrangeras sus doctorados y sus maestrías, cuya esposa, la madre de Lorena, era una bióloga que venía investigando no sé qué para el premio Nobel de química y estaba en su etapa final, se opuso rotundamente a la loca idea de su benjamina.
- Ni loco te financio esa carrera de mierda. Vos vas a ser médica y punto. Olvidate.
- Bueno - dijo ella - No quiero que me la financies ni nada. Te estaba avisando nomás.
Lorena tuvo renunciar a la seguridad de papá y ponerse a laburar de de telemarketer, de recepcionista, de secretaria y cuidando viejos para poder estudiar. Y se recibió y se fue por el mundo a probar su hipótesis.
Claudia, por otro lado, más o menos por la misma época le dijo a su papá, contador él, quien le llevaba los números a los grandes empresarios de la época, amigo de senadores y diputados, que quería estudiar diseño de indumentaria y ponerse un pequeño local. Iba a tener la particularidad de que la tela iba a ser confeccionada por ella a partir de no sé qué línea ecológica.
- Estás loca. Estás delirando, se ve que tomaste pintura con el desayuno.
- Quiero estudiar diseño de indumentaria porque...
- Entonces olvidate de que yo te pase un peso, la vas a tener que hacer a pulmón, a tu pulmón, porque no estoy de acuerdo.
Claudia y Lorena habian sido compañeras de escuela. Cuando se cumplieron los diez años de egresadas y se organizó la mítica fiesta de reencuentro, Claudia fue en su auto último modelo. Tenía las uñas arregladas con francesitas y el pelo rubio y alisado de peluquería. Unas botas que no hablaban castellano y un celular de última tecnología que cuando sonaba tiraba papelitos de colores. Todo eso enmarcaba una cara de culo infernal.
Lorena, en cambio, apareció caminando porque la parada del bondi quedaba a unas cuadras del lugar pautado, sin tanto fileteo pero contenta. Su cara tenía alguna que otra arruga, más bien una marca, pero transmitía tranquilidad.Lorena contó que no le había sido facil en absoluto, que tuvo que elegir entre la comodidad económica y chata que le brindaba su padre a cambio de la medicina y sus suenos, que si bien no ha resultado su vida como lo imagino allá por su adolescencia, fue diferente pero mejor. Claudia no lo pudo soportar, se miró las unas, se paró y se fue.

jueves, 8 de octubre de 2009

Oído al pasar

Me contaron un chiste hace un tiempo, me lo mandaron por mail en realidad, un chiste con moraleja.
Se trataba, en breves palabras, de un tipo al cual los mafiosos del barrio lo capturan por alguna deuda y lo mandan con el torturador de turno, con una consigna: 'Chino (el torturador se llamaba Chino) este es Juan. Nos debe plata y se está haciendo el boludo'
'Bueno -
dice Chino - lo voy a dejar en este rincón y cuando me desocupe le voy a dar masa con esta zanahoria que tengo preparada para estos casos' dijo, mostrando un tubérculo inusualmente grande.
Juan se puso blanco y no pudo emitir sonido. Quería pedir clemencia, rogar por que le cambian el desdichado castigo que le iba a arruinar la dignidad y la vida. Que fueran piadosos. Y cuando estuvo por hacerlo traen a otro:
Chino - de nuevo - este es Carlos. Está casado con la hermana del jefe y anoche lo encontraron con una trola'
'Bueno - dijo Chino tranquilamente - a Carlos le voy a cortar las pelotas en juliana y voy a hacerle un omelet, para que él mismo se la coma'
Cuando Carlos se pone a llorar, cagado hasta las patas porque el Chino no jodía, entran con otro más, al que le faltaban los dientes y tenía los ojos en compota. 'Chino - dice su Virgilio - Este es Miguel, se quiso hacer el vivo con la hija del jefe. Ya lo estuvimos ablandando con los muchachos. Te lo dejo para que lo termines'
Y el Chino la remató: 'no te preocupes, cuando termino con el omelet le corto la lengua y se la coso al pito con una aguja caliente y oxidada, para que no hable más boludeces'.
Cuando se va y se quedan los tres con el Chino, Juan, el primero de todos, finalmente recobra la vos y dice: 'Chino, acordate que yo soy el de la zanahoria...'
La moraleja a simple vista es una: No te quejes tanto, lo que te pasa a vos no es tan malo, o cosas así.
Sin embargo hay otra mucho más realista y más aplicable. Que es transtemporal, es como una reflexion dantesca, Shakesperiana: Siempre se puede estar peor, y vale la pena, solo eso, vivir para verlo.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Sin morir en el intento

Estaba en una sala de espera. Estaba leyendo un libro mientras tanto y antes de que me llamaran alcancé a leer una frase, una declaración, una revelación que me pareció fabulosa. Marqué la hoja y lo cerré porque era mi turno, me estaban llamando.
Me senté de este lado del escritorio en su consultorio, el que está de frente a los diplomas, y cuando me disponía a contarle por qué estaba ahí empezó a hablar él.
Me contó, con esa alteración que no te agita sino que te entristece, que días atrás le había llegado una multa de un auto que había vendido hacia 12 años atrás, y que en el Registro Automotor le habían dicho que el cambio de titular se había traspapelado y que por eso la multa le había llegado a él. Entonces había ido al organismo estatal que regula eso, y desde el Estado estaba todo bien, todo en regla, pero el asunto era en el de la Provincia. Allí estaba el quilombo.
Entonces allí se dirigió y la empleada que lo estaba atendiendo de pronto desapareció (con su DNI) y al rato, como a los 20’ alguien se dignó a decirle que Marta (tal era su nombre) estaba en la cocina comiéndose un sanguche de mortadela y queso sardo, que la espere. Y que cuando apareció al rato, al grito de ‘Quien sigue?’ le dijo que tiene que mandar un fax a no se donde, porque allí no podían hacer nada sin autorización de Juan Pelotudo.
Y así seguía la lista de quehaceres, había caído en el círculo vicioso del tramiterío burocrático, un espeluznante cuento de la Buena Pipa que no lo llevaría a ningún lado.
Y que mientras estaba haciendo, para colmo, una de las colas infernales le habían choreado la billetera que adentro tenía, además de la CI, la tarjeta de crédito y la de la prepaga y de orto no tenía el carnet de conducir porque sinó se hubiera tirado a las vías del tren.
Yo lo miraba y no decía nada.
- Bueno, vayamos a lo nuestro. Qué te anda pasando?
Lo mío era una boludez, una receta para una crema para la cara y listo.
Me la dio y me fui.
Curiosamente, el libro que habia estado leyendo antes decía (sobre un sujeto que tenía ciertas actitudes autodestructivas, por supuesto que a propósito, y había tenido recientemente un accidente con una pistola)

“Ciertas cosas nunca se llegan a saber del todo. Morir no me dio miedo. Lo difícil es vivir”