Cuando era chico me decían que yo tenía o atraía a la mala suerte, a la yeta, que era pájaro de mal aguero, se tocaban partes íntimas al verme, llegué, por inercia o costumbre, a olvidar mi nombre por 'innombrable'.
No le había dado crédito a nada de eso hasta que esta noche, cuando venía caminando a casa, diviso a lo lejos un gato negro que alegremente cruzaba la calle, que distraído aceleraba el paso hasta que me vió. Se detuvo en seco y, emulando al colibrí, huyó marcha atrás.
Me sorprendió la destreza.
Lo último que supe del gato fue por su llanto ahogado, desesperado, allá a lo lejos (inmediatamente después de una frenada).
Pelotita
Hace 6 días

No hay comentarios:
Publicar un comentario