En una reunión una señora dijo sin ninguna muestra de emoción o angustia, sin siquiera acompañarlo de una puteadita:
- Me robaron el auto – Lo juro, hablaba como si se estuviera refiriendo a la novela de las tres - Se llevaron el auto con el que mi marido trabajaba, porque él es remisero.
- Estaba asegurado?
- Sí, sí – dijo, sin una mueca de nada.
- Menos mal...
- Sí, la verdad...
- Porque yo conozco a más de uno al que le llevaron el auto y no estaba aun asegurado.
- Igual, la verdad, es que si me lo robaron es porque no tenía que ser. Por algo pasan las cosas.
Lo más absurdo (parecía una película de Lynch) fue que inmediatamente después y no recuerdo, ni quiero recordar, por cual conexión se llegó a ello, terminamos hablando de una película argentina, que es una suerte de documental, donde varios pibes (y no tan pibes) con ‘capacidades diferentes’ (prefiero decir con ‘discapacidad motriz’, pero no quiero herir susceptibilidades) nos dan a conocer sus virtudes. Muchos de ellos premiados mundialmente más allá del marco morboso. Una piba sin brazos pintaba que no se podía creer. Había que verla delinearse los ojos con los dedos de los pies. Un pibe que no tiene extremidades hacía otro tanto (no lo de los ojos, lo otro) Otro, que en sus años mozos había sabido competir en clavado artístico y quedó cuadripléjico luego de un accidente, se desenvuelve notablemente en una actividad que más de uno no sabría encarar (no puedo recordad cual, no viene al caso).
La ordalía era una institución jurídica que se practicó hasta finales de la Edad media en Europa.
Su origen se remonta a costumbres paganas. Mediante ella se dictaminaba, atendiendo a supuestos mandatos divinos, la inocencia o culpabilidad de una persona o cosa (Libros, obras de arte, etcétera) acusada de pecar o de quebrantar las normas jurídicas.
Consistía en pruebas de rigor, particularmente rudas (caminar sobre brazas encendidas, soportar bajas temperaturas sin abrigo, sacarle la blackberry al jefe y no dársela por dos meses, etc). Si alguien sobrevivía o no resultaba demasiado dañado, se entendía que Dios había intervenido y lo consideraba inocente. Por tanto no debía recibir castigo alguno.
Más acá en el tiempo solía tener discusiones de corte existencialista con mi abuela sobre la existencia o no del destino como algo escrito, predeterminado.
La verdad es que es la reunión me dieron ganas de levantarme y a viva voz decir: ‘Por algo será’? Pero vos sos pelotuda o te hacés? Vos realmente pensás que se chorearon tu auto con un fin divino y no para vender los repuestos en la Warnes? No vas a hacer nada? No vas a putiar por el amor de Dios y la virgen que llora fernet?! No se te ocurre que con ese criterio los pibes de esa película tendrían que haber sido ahogados en un fuenton de lata o arrojados desde el monte Taigeto?!
No se lo dije. Tengo tanta crueldad como desconsideración.
No me voy a poner a hacer apología de la virtud de los que menos tienen. No me interesa ver el documental ni me voy a poner la camiseta de nadie. Tengo cauterizadas algunas terminaciones nerviosas de la parte sensibloide de mi corteza. No me importa, en serio. Me molestó otra cosa.
Quedó ahí flotando, en esa habitación, una suerte de frustración mezclada con la indiferencia de los que se toman las cosas como si fueran ajenas.
Porque es más fácil.
Otra vez, como el diablo, la cobardía metió la cola.
Pelotita
Hace 6 días

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