lunes, 6 de julio de 2009

93

Estaba en la parada de colectivo. Había un señor con pinta de abatido, pero a las 19 hs, en la parada de colectivo, raro sería que encontrara lo contrario.
Era lunes, medio lloviznaba. El señor estaba incómodo, mas bien fastidioso, de lo cual deduje que hacía ya varios minutos que estaba esperando. Tendría unos 50 años.
Pasaron varios minutos más y ni de lejos se veía el 93. Éramos los únicos dos en la parada.
De repente se pone a llorar. Baja la vista, rinde los hombros y llora, llora como un chico. Yo me quedé pasmada mirándolo. Él levanta la vista, me mira fijo y me dice:
- Querés saber por qué lloro, no?
Sin darme tiempo para responder (no se me hubiera ocurrido hacerlo tampoco) me dijo
- El cuerpo humano es una máquina perfecta. Funciona, es un sistema sabio. Las cosas ocurren sistemáticamente. Cuando está sano funciona y es una maravilla. Yo soy neurocirujano, tengo muchos años de trayectoria, he sido un estudiante precoz y a los 20 años estaba ya dando clases en Chicago de donde me volví, a pesar de que me ofrecían el oro y el moro para que me quede porque quería trabajar para mi país, que bastante vapuleada tiene ya la salud pública. Yo trabajo en un hospital público. Atiendo el funcionamiento de todo esto (dijo, señalándose el cuerpo) desde la mismísima cocina puesto que el cerebro es donde todo se gesta. Yo abro las cabezas de mis pacientes como si fueran melones. Miles de cabezas pasaron por estas manos. He descubierto, he visto más de una vez lo que nadie había visto antes y he solucionado problemas que de no ser por mi no hubieran encotrado otra salida que la muerte, la luz al final del tunel.
Soy reconocido en todos lados, he escrito muchos libros, he sido expositor de congresos de convocatoria mundial, realmente soy bueno. Cuando entro al quirófano soy Dios. Tengo el pulso de un muerto y la precisión de ninguno, ya que un margen de error en mi trabajo sería dejar al tipo, allí en la camilla, sin algunas de sus funciones superiores, o inerte. Por eso yo soy Dios en el quirófano, yo digito su presente y su futuro, de mi dependen.
Pero acá estoy. Hace 30 minutos que estoy esperando este colectivo de mierda hijo de una gran puta, porque se me rompió el auto y no puedo sacarlo de la cochera, el ACA tardaría una eternidad y con este clima del orto no hay un putísimo taxi hasta al menos dentro de dos horas. Y cuando llegue a casa mi mujer, a quien no soporto desde que la más chica se fue a vivir sola porque es como tener un pájaro carpintero en las pelotas, me va a empezar a pedir explicaciones porque llega tarde a su clase de pilates, que empezó hace 5 minutos, embutida en su maya porque la muy turra no es capaz de ir sola. Imaginate cuando me vea llegar sin el auto.
Vos me entendés, no?
He tenido vidas bajo mi tutela hasta hace 45 minutos, menos la mia, y ahora dependo de un fucking colectivero.
Andate cuando puedas, querida. Este país se hunde por el peso de nuestras propias pelotas.

5 comentarios:

Alelí dijo...

jjajajjajajajajjaaj
j"como tener un pájaro carpintero en las pelotas" jajajajajajajaj

muy gráfico!

Ya saco el pasaje...

HB dijo...

Debo admitir que esa frase no es mia, pero venía tan al caso que valió la pena el plagio.
Sí, sí, sacamee uno para mi tambien, por favor.

Mundo Aquilante dijo...

El texto: Muy cómico.
Ahora, el neurocirujano se ahoga en un vaso de agua... si se quiere rajar que se raje. Tanto lío por un bondi, una llovia y una mujer de la que no separa, vaya saber por qué? Las cosas son como SOMOS, generalmente.

Saludos desde Mundo Aquilante!

Anónimo dijo...

Suena tan típico ese caso...es una fiera en el trabajo y un pelotudo importante en la casa???
no,no puede ser.
saludos

HB dijo...

no hay que inquietarse, no estaba hablando de nadie. En todo caso la que lloraba porque no venía el bondi seguramente fui yo. No viene al caso. Estaba tratando de ilustrar cómo la realidad viene a hincharnos las pelotas a veces.
El contraste, como forma, me pareció interesante.