Yo era un trapito. No de esos que te esperaban a la salida de un restaurante en Palermo o las Cañitas, no no, yo era un trapito con más categoría. Tenía uniforme, por ejemplo. Trabajaba de día y me pagaban un sueldo en blanco, no dependía de la cantidad de clientes. Mi trabajo era en una cochera.
Empecé hace un tiempo, no mucho. Había conseguido el trabajo a través del diario. El aviso decía: ‘Importante empresa solicita promotora con muchas ganas de trabajar, buen ambiente laboral. Se requiere buena presencia y actitud proactiva. Para zona centro de lu a vi de 8 a 14 hs.’
Buenísimo, pensé. Yo había sido promotora pero en supermercados, y es un laburo bastante hostigante porque son muchas horas y por lo general es durante el fin de semana, y temporal. En cambio en ese caso me ofrecían una garantía, un trabajo a tiempo indeterminado. Me presenté. Se trataba de un estacionamiento al aire libre en el centro. Mi tarea era atraer a los conductores para que estacionen ahí y no en otro lugar. Me llamó la atención que necesitaran alguien para que atrajera clientes ya que, hasta donde sabía o creía, todos los que iban al centro en auto los dejaban en un estacionamiento, por ende, se vendían solos. Parece, según me dijo el que me hizo la ‘entrevista’ que con la crisis había bajado la demanda porque muchos ya optaban por el bondi o el tren, que era por eso, y que surtía buen efecto que haya una persona haciendo señas como invitando al conductor a utilizar las instalaciones.
A siguiente lunes empecé. Llegué y me dieron el uniforme: una calza blanca, una remera roja y blanca que de más está decir que no me tapaba el ojete ni de casualidad (a juzgar por la calidad de la lycra además del uso, la calza tampoco) una gorra con visera sucia, con resto de transpiraciones viejas y ajenas y una campera rompevientos roja con el interior plateado, con el logo de la ‘empresa’ bordado sobre el corazón y en la espalda, de un blanco que ha sabido ser glorioso en algún tiempo muy anterior y que ahora estaba un poco deshilachado. Era un conjunto triste. Cuando me lo puse el alma se me contrajo como una pasa de uva. Pero como la necesidad tiene cara de hereje puse cara de circunstancia y me aboqué a mis tareas con esmero.
Un día se acercó un señor, un tipo notablemente sumido en una suerte de depresión y desesperanza, con algo de rabia también.. Se acercó hasta mí, me miró y se rió, pero no fue una risa burlona, fue una risa más bien cómplice, con un dejo de ternura y todo. Me dijo:
- Durante mucho tiempo fui encargado de depósito de una multinacional. Era realmente bueno, me sentía útil. Tenía mucha gente a cargo, mi área era organizada, puntillosa. Quince años estuve ahí, eh? Porque salí a trabajar de muy pendejo yo. Quince años. No estudié. Terminé el secundario y me metí a laburar ahí nomás. Ahora no. Me despidieron hace poco. Me reemplazaron por una computadora. Encantado, me llamo Sergio – y mientras decía todo esto anotaba algo en un papelito. Cuando me lo dio tenía anotado un teléfono.
Siguió su camino y lo perdí de vista. No le di mayor importancia hasta que un par de meses después volví a pensar en él cuando el que era mi jefe me anotició de mi despido. Habían comprado uno de esos muñecos que son mantenido erguidos y en movimiento por una máquina en la base que tira aire. Claramente, por más esmero que yo le pusiera, no iba a lograr nunca moverme de esa manera. Antes de dejar el uniforme saqué el teléfono de Sergio del bolsillo. De casualidad no lo tiré. Cosas del destino.
Hoy Sergio y yo estamos juntos, en definitiva los dos habíamos pasado por lo mismo.
No nos une el amor, sino el espanto.
Pelotita
Hace 6 días

3 comentarios:
jajajjaja nena, te hicieron un favor! por dios! mirar a esas chicas agitar las manos es lamentable! pobrecita...me alegra que estés por otros horizontes!
Acabo de leerme casi la totalidad de posteos del 2009. Ya es tarde y me colgué bastante, pero te aseguro que voy a seguir investigando el blog. Que es muy bueno, de verdad, muy bueno.
Abrazo.
[Llegué por el muñeco que es mantenido erguido y en movimiento por una máquina en la base que tira aire que tiene en la puerta]
No sé si me da pena o bronca, las dos cosas. Eso que uno siente ante algo en lo que uno podría tranquilamente devenir.
Pero sí Alelí, pobrecita!
Gracias Mariano! Cómo me alegra ver que hay nuevos dando vueltas por acá (aunque mas no sea por un triste muñeco de aire)
Gracias por el piropo.
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