Este mediodía pasé por Plaza de Mayo. Pasé en colectivo y desde allí pude ver cómo se originaba una manifestación. Era pacífica, casi artística. Gente con nenes, con banderas. Hasta había uno que tocaba la guitarra en un escenario armado, estimo, para la fecha: 25 años de democracia. Yo no soy adepta a las marchas, manifestaciones, piquetes y eso, salvo que me peguen cerquita. Pero esta me conmovió. La democracia, pensé en ese momento, tan joven, tan chiquita, tan vapuleada, tan amasada, y sin embargo democracia al fin. Recibida con alegría por aquellos que han sentido el dolor de la no libertad, el asedio de los milicos, pensaba yo con los ojos entrecerrados y la piel de pollo, por aquellos que han perdido gente, hijos, hermanos, padres, amigos.... Yo crecí prácticamente en democracia, le llevo tan pocos años que no vale la pena el recuerdo. He sabido sentir el dolor de alguien que sí sufrió el cautiverio anterior. Y así seguía yo, con mi corazón compugido y el alma socialista, recitando a Mafalda, pensando en la libertad. Llegué a mi casa, me olvidé, pasó el día.
Más tarde volví a pasar por la Plaza, hace un ratito, unos minutos. No quedaba nada de eso que vi al medio día, salvo pedazos de papel ensuciando el cesped, policias, vallas desordenadas, canas cagados de calor. Periodistas enrollando clables y algunas personas tiradas en la calle, tiradas por propia convicción, no?, un cartel de FUBA y banderas rojas del partido Obrero. Una voz femenina se oía a los gritos pretendiendo dar un discurso a unos treinta pibes que no prestaban atención en absoluto. En fin, un acto político de cuarta montado sobre las sobras de lo que horas antes había sido un festejo.
Mi tía solía decirme: nena, nada es para siempre.
Yo soy conciente de lo inexorable de todas cosas, de su inevitable decadencia, pero no creí que ocurriera tan rápido.
Pelotita
Hace 6 días

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