Me fue dado observar en una brevísima pero intensa escena la diferencia entre una y otro, entre la encrispada complejidad de la una, y la cadente simpleza del otro.
Sentados a mi lado en un subte, ella, habiendo enviado, en el tiempo que toma llegar desde Catedral a Plaza Italia, unos 172 mensajes de texto desde su celular, fastidiada, le dice a su acompañante
- No puedo contarle todo por aca - enseñándole el minúsculo aparato, al borde de las lágrimas - qué le pongo?
Y él, sin pensarlo un segundo, sin siquiera dejar de leer el diario que llevaba en las manos, le dijo - Que la llamás después.
Sencillo, concreto, cerrado, contundente y perfecto.
(No todos tienen la capacidad de mirar la fotografía completa.)
Pelotita
Hace 6 días

1 comentario:
para eso somos distintos...
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