Estaba yo sentada en una ronda de gente bastante heterogénea.
De pronto surgió el tema social, la pobreza, la desigualdad de oportunidades y la mar en coche. Unas señoronas muy coquetas salieron al ruedo:
- Nosotras tres - dijo la de la nariz repingada - somos voluntarias de un comedor en Constitución. Vamos todas las tardes a llevarles de comer a los chicos y a sus mamás, la mayoría de ellas embarazadas.
Las tres afirmaban con la cabeza.
- La verdad es que la situación ha cambiado mucho últimamente - dijo la de la izquierda de la de la nariz operada a la vieja usanza, haciendo tintinear sus pulseras - porque hay mucha droga dando vueltas. Antes había algún que otro robo, pero los chicos venían a merendar y andaba todo más o menos bien. Era un barrio dentro de todo tranquilo.
- Es una pena que después - dijo la tercera, terminando de deglutirse un canapé de salmón - vinieron los peruanos y habitaron todos los conventillos de la zona. Ellos trajeron la droga, el paco, la pasta y esas porquerías. Andaban por ahí haciendo el trueque: documento por droga. La culpa es de los peruanos!
Terminada la conversación, a la que todos asintieron con solemnidad, me puse a charlar con una chica que estaba finalizando su carrera universitaria. Muy enojada, dijo:
- Por culpa de ese profesor de mierda yo no promocioné. No me alcanzó la nota que me puso y me mandó a final. Podés creer?
Más allá, una jóven madre hablaba con otra joven madre acaloradamente.
- Me llamaron de la escuela para decirme que Santi no hace caso. Que no hace los trabajos en clase, que se distrae. Y claro, si con la maestra que tiene qué pretenden?
Cuando me estaba yendo paso por al lado de un hombre que hablaba con un policia después de producirse el coche.
- Es que se me cruzó el árbol. Yo andaba por la calle tranquilo y un árbol insolente se me cruzó y no lo pude esquivar.
Esto último no pasó, pero a juzgar por lo que venía escuchando no me hubiera sorprendido.
No es fácil hacerse cargo de que los errores son nuestros, de que al final no tenemos todo.
Porque hacerse cargo es asumir la responsabilidad de revertirlo, de cambiarlo.
Asumir el error es asumir todos los errores, los pasados y lo futuros tambien.
Es tener que ceder, es aceptar discursos ajenos y diferentes, y eso da laburo. Es más simple dormirse en las sábanas calentitas de nuestro entendimiento omnipotente sobre todas las cosas.
Es una herida narcisista que duele y tapamos con las curitas de la ignorancia, pero la única forma de que sane es empezar a desinfectarla con el alcohol etílico y ético de la responsabilidad.
Duele también, pero es infinitamente mas productivo.
Pelotita
Hace 6 días

2 comentarios:
Muy bueno!
Gracias Alelí. Es que a veces, cuando es tan evidente, hincha soberanamente las pelotas.
Yo me incluyo, OJ.
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