viernes, 8 de mayo de 2009

simple, fresco

Tuve un sueño.
Yo estaba en una casa, tremendísima casa, que daba a una playa que no se podía creer.
La tremenda casa estaba sobre una colina cuya pendiente, de unos 150 metros, estaba cubierta de un césped brillante, suave, más verde que la esperanza.
Yo estaba ahí, ese lugar era mio, yo pertenecía allí pero al otro día me iba, viajaba, era mi último día en ese lugar. La noche anterior habíamos tenido una fiesta, se ve que era mi cumpleaños porque me habían llenado de regalos.
Ese último día yo decido bajar a la playa, que estaba luego del césped y cuya arena parecía maicena y el agua era tan transparente que dudabas de que fuera salada. Se me había hecho tarde porque me había quedado dormida después del almuerzo pero fui igual.
Resulta que al ratito de yo llegar al paraíso, donde me esperaban allí algunas personas, al ratito de haber llegado con mis regalos una nube negra, inmensa, cargada se acerca a una velocidad poco creíble. Todos empezamos a huir de ese lugar y a mitad de camino, con una lluvia torrencial y fria de esas que duelen, me doy cuenta de que había dejado mis regalos en la playa. Me detengo, lo pienso dos segundos y vuelvo, y mientras emprendía la operación retorno, muchas personas desde la casa me gritaran para que los dejara allí, que fuera a refugiarme, que iba a encontrar otras cosas que reemplazaran aquellos regalos. Pero yo no podía, esos regalos eran mi tesoro, eran mios, no podía dejarlos ahí arruinándose.
En la medida que iba acercándome se me hacía muy dificil, tenia frio, tenía miedo, tenía tristeza, llegué a pensar que los perdía. Finalmente llegué y ahí estaban. Yo estaba empapada, cagada de frio y cansada pero tenía mis regalos. Fue entonces cuando me lamenté que fuera el último día, haber llegado tarde a disfrutar de la playa y no tener otro día de changui. Y en ese intante vi en el cielo una hilacha de luz. La nube negra finalmente se estaba yendo, no era eterna como pensaba. Había valido la pena hacer el esfuerzo de llegar hasta ahí.
Luego me desperté.
Más allá de lo pintorezco del panorama, lo estético, el sueño fue particularmente gráfico.
A pesar de ser tarde yo fui a donde quise, fui. Hubiera sido mejor no dormirme, pero fui igual porque todavía la playa estaba ahí. Cuando apareció el obstáculo, la tormenta, tuve la posibilidad de elegir entre la comodidad de la casa, impecable, conocida y segura, donde antes me había dormido y donde me esperaba la calidez de lo conocido, y la playa que se me representaba oscura, desconocida pero que albergaba mis 'regalos', aquello que yo quería, que me pertenecia y que no quería perder.
La vuelta, llegar hasta ahí fue dificil. Tenía miedo, tenía frio, no sabía si iba a llegar a encontrarlos.
Pero llegué y ahi estaban. Y cuando creía que se me había terminado el tiempo, cuando creía que ya había perdido la oportunidad, ahí, adelante mio, volvía a salir el sol.
En cuestión, el mensaje es: No te detengas. Lo que querés está ahí para que lo vayas a buscar aunque te resulte lo más dificil que vayas a hacer, no abandones tus 'regalos' , no hagas eso.
Y si se trata de eso, nunca es tarde.

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