Estaba en el hospital el otro día, estaba visitando a una persona que estaba allí internada. La persona de la cama de al lado tuvo un crisis, empeoró de golpe, vinieron las enfermeras, los médicos, etc. Me sacaron afuera de la habitación para tener más espacio. Hicieron el debido trabajo de resucitación con irrelevante éxito. Irrelevante porque se dejó morir.
No es romanticismo. Sucedió y listo. Cuando se reestablecieron sus signos vitales, cuando todos volvimos a escuchar el pip interminente, él, era un hombre, un muchacho en realidad porque era joven, abrió los ojos, nos miró a todos, se miró a si mismo, soltó un par de lagrimas y cerró los ojos.
Y murió.
Luego de ese momento en que decidió cerrar los ojos salí de ahí porque no lo pude soportar, una vez afuera me senté en uno de los bancos de cemento y lloré como una desahuciada. No lo conocía, honestamente no lloraba por él, lloraba por mi, por todas las veces que renuncié porque era dificil, porque me sentía incapaz, porque me dí pena.
Lloré porque esa muerte me recordó mis pequeñas muertes, todos mis fracasos, el miedo, la miseria.
Estuve ahí llorando un buen rato. Lloré como el que había visto.
Por suerte yo pude optar por levantarme y seguir.
Pelotita
Hace 6 días

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