lunes, 29 de junio de 2009

Corazon valiente

Fui a ver una obra de teatro. En ella, ya al final, el protagonista muy angustiado le dice a la protagonista que no puede, que abandona el ring, que la ama desesperadamente pero que no es lo suficientemente valiente como para sostenerlo porque eso significa cargar con un peso considerable.
Al día siguiente agarré en la tele el descenlace de una película, muy conocida, en la que en el juicio al protagonista (Mel Gibson), un guerrero escocés devenido héroe, le ofrecían una muerte pacífia y rápida a cambio de rendirse y que de no hacerlo sufriría una tortura lenta y dolorosa. A diferencia del primero, él no se rindió.
Ambas historias son completamente diferentes salvo por un detalle: el dilema ético. Uno debe decidir morir con dignidad o morir con facilidad. El otro, bancarse o no la peluza de ese enorme durazno. En ambos escenarios se juega algo de la muerte.
Eventos de estas magnitudes se nos cruzan todo el tiempo, nadie va a morir en el patíbulo a esta altura, claro está, pero cuando sucede nada de lo que venga después vuelve a ser lo mismo porque uno no vuelve a ser el mismo nunca más.
Dicen que ser adulto es hacerse cargo de las consecuencias de sus actos. Yo agrego que las elecciones que llevan a esos actos nos vuelve, además, dignos.
y no todos somos dignos.
La valentía no es para cualquiera.

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