Agarrá un elefante. De chiquitito agarralo y atalo a una estaca más fuerte que él. Dejalo solo y esperá, vas a ver que en algún momento la pobre criatura empieza a tironear. Tironea una vez y se va a poner todo colorado y va a transpirar, hasta va a poner caras pero no va a desatarse.
Lo intentará una segunda vez, esta vez con más fuerza, más ahínco. Vos vas a ver que el infeliz está dejando el alma en ese esfuerzo y sin embargo seguirá sin poder. No va a haber una tercera vez porque no lo va a intentar más. En lugar de eso se va a tirar al piso y dormir.
Y si tenés la posibilidad y el corazón de dejarlo atado allí hasta que crezca, hasta que triplique, no, cuadriplique su tamaño y peso vas a notar que el animal de una patadita tiraría a la mierda la estaca y se iría a salticar por los valles y sin embargo no lo intenta siquiera porque cuando era chiquitito lo intentó y fracasó.
Ese es su registro, que no va a poder.
En cambio, nosotros, los pobres diablos, lo que entendemos de la inexorabilidad de la muerte y la padecemos, por lo general tenemos la cabeza más dura. Avanzamos.
Seguimos. Hacemos las cosas mil veces.
Gracias a Dios y lamentablemente lo seguimos intentando.
Es como dice el filósofo: sólo el hombre muere, el animal termina.
Igual, lo que te qiero decir es otra cosa, dejá el elefante y escuchame.
Ya intentamos, ya tratamos mil veces y salió mal.
Andate, plis.
Pelotita
Hace 6 días

3 comentarios:
ahora si nos estamos entendiendo. De última la que se va sos vos! que sos mucho más grande que un elefante, enterate!
pobeshito el elefantito! que es mi animal preferido! me hizo acordar a Dumbo cuando lloraba!
besos
Yo soy un elefante con cabeza de pobre diablo.
Ya voy a aprender Alelí!
Mientras Dumbo lloraba el señor Walt Disney se llenaba de plata.
no me da pena, de ninguna manera.
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