domingo, 26 de octubre de 2008

Como dos extraños

Dejé de fumar hace aproximadamente un mes. o más.
Anoche, en una cena, con bastante chupi encima, alguien prendió un cigarrillo. Después de debatirme por un segundo si lo seguía o no, decidí darme un permiso, total si lo dejé una vez, bien puedo dejarlo dos veces.
En ese instante, el cigarrillo se me figuró como capaz de darme una satisfacción infinita, como una pequeña puerta al frenesí, como capaz de darme ilimitado placer. Lo prendí, lo pité, me marié, lo miré entre desilusionada y aliviada, y lo apagué.
Tiempo atrás me reencontré con un antiguo amor, en quien había puesto todas las expectativas, a quien conservaba en las pompas rosadas del formol de la cursilería, detenido en el tiempo, allá, en su pedestal.
Lo miré entre desilusionada y aliviada, y lo apagué.
Al final era cierto nomás, somos los únicos que tropezamos (más de) dos veces con la misma piedra.
(perdón si me ves lagrimear, los recuerdos me han hecho mal).

No hay comentarios: