Yo tenía unos zapatos que me encantaban, todos coloridos, divinos, que me habia comprado una vez, hace mil años, en algún sucucho de Bs As y que fue amor a primera vista.
Los conservé mucho tiempo, los usé, los disfruté, los caminé, los atesoré. Pero llegó un punto, como todo, en que los pobres no daban más. No sólo que habían perdido el brillo, el color y parte de la suela, sino que me hacían mal a las patas, me dolían los talones, se me salían, cuando llovía se me llenaban de agua y terminaba con una ampolla dramática. Pero yo, firme, los seguía usando.
Ya se hizo insostenible, tenía que cambiarlos, tenía que usar otra cosa, no podía seguir con eso porque estaba ya pasandola mal, además de que estaban pasados de moda que sería lo de menos. Ya no tenían nada que ver conmigo más allá del afecto generado por los años y por alguna alegría que me dio en algún momento.
Una persona, hace unos días, lloraba desconsolada porque se sentía invisible, porque mandaba mails, llamaba, mandaba mensajes de textos, señales de humo, todo invocando a alguien y no recibia respuesta, a esa persona que otrora había sido fundamental, con la que, me dijo, había compartido un montón de cosas que no eran moco'e pavo. No podía entender qué pasaba y por eso se sentía mal.
En otro orden de cosas, en otro contexto, una amiga que se mostraba muy desconcertada, me contaba con enojo que hasta hace muy poco cada vez que se angustiaba o se ponía nerviosa, le empezaba a doler una rodilla y tan fuerte era ese dolor que se tenía que ir de donde estaba para hacer reposo y, de esa forma, se iba de la escena. Ese fue históricamente su modus operandi, pero ahora la rodilla no acusa recibo y se encuentra con que tiene que quedarse en el lugar, enfrentando el asunto. 'Devuélvanme el dolor', decía.
La vida tiene esas cosas. Dicen que Dios se manifiesta de maneras extrañas, yo digo que el que se manifiesta de maneras extrañas es uno mismo.
La mayoría de nosotros tiene la molesta costumbre de aferrarse a las cosas, a los momentos, a la gente. Consecuencia cobarde aunque a veces nesesaria. Pero llega un punto que algo empieza a hacer ruido y no queda otra que dejar el trasto y seguir.
Siempre se trata de seguir adelante, por doloroso que resulte.
Los cambios son necesarios. Cambiar de zapatos, conocer a alguien más de quien nutrirse, cambiar de maneras. El crecimiento se acompana de cambios.
Más vale bueno por conocer que malo conocido.
Pelotita
Hace 6 días

No hay comentarios:
Publicar un comentario