viernes, 10 de abril de 2009

Luto

Asistí a un velatorio ayer. Y a un entierro, que en realidad fue más de uno.
Más allá de la tristeza que provocó el que se fue en los que nos quedamos, hubieron muchas cosas que se jugaron ahí.
Por una parte, la gente que asistió, la gente más vieja, tenía en el rostro la expresión de la íntima certeza de la proximidad del asunto. Era en ese caso como una despedida cómplice.
Por otro lado, por mi lado, por el lado de los de mi generación, vimos reflejado el paso del tiempo, inexorable, entre nosotros. 'Están grandes, más grandes que yo'. mentí.

(También vi que no es justa, la muerte, y se vuelve más dolorosa)
Y al final, a la hora del definitivo final, en el entierro, fue donde yo sentí la puntada, la que me dolió en serio. Fue como si estuviera visitando el futuro con mi fantasma de las navidades pasadas pero sin el changui de volver. Vi que en ese segundo último estaba enterrando también algo de mi. Pasado, recuerdos, momentos. Sin vuelta, sin más nada.
Creo que más allá de que en tal o cual caso toca más de cerca a uno u otro, la muerte en general es una sola y de a poco. Con cada muerto que he ido sobreviviendo se ha ido un poco de mi. Su muerte también es mia, en pequeñas cuotas.
No tan absoluta pero si definitiva.

1 comentario:

Alelí dijo...

y si.
Es casualidad? Hay sincronicidad...también estamos en fecha de muerte y resurrección...muerte y vida, dos caras de la misma moneda.
Mis respetos!