miércoles, 20 de agosto de 2008

Humano, demasiado humano I

Estaban en un bar.
Se vieron, se encontraron, hablaron, rieron, se tomaron de las manos.
Ella rubia y delicada, él buen mozo y agradable.
Desde aquí, desde mi mesa, se los veía llenos de frescura y armonía.

Eran como Barbie y Ken, se veían como cuando el príncipe le embocaba el estileto de vidrio a Cenicienta.
Después, al día siguiente, me la cruzo por la calle y le digo:
- Te vi, te vi anoche, te vi bien acompañada. Parecía que lo estaban pasando bien.
- Sí, sí - me dice - pasa que no me acuerdo tanto. Pasa que estaba demasiado concentrada en otra cosa.
- Qué pasó? - le dije preocupada, con la preocupación de aquella que ha estado en alguna penosa situación y tiende una mano
- No, nada, pasa que mientras hablaba amasaba un flato y estaba demasiado concentrada en que no se me escapara.

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