miércoles, 20 de agosto de 2008

Humano, demasiado humano III

Iba yo caminando cual diva por Florida. Vestía una pollera de leopardo al estilo Susana Gimenez, unas botas de cuero negro puntudas acharoladas hasta la rodilla que me sumaban 15 centímetros de estatura, un zorro envolvía mi cuello de cisne, detras de mi una estela de perfume remitía a quien tuviera el gusto a maravillosos paraísos inimaginados. Caminaba como si supiera.
Y yo veía que la gente me miraba, yo notaba que cuando pasaba se daban vuelta para seguir mirando. Mi ego reforzaba mi paso. No me tropecé ni una vez, iba gloriosa por la peatonal como si fuera mia.
Llego a la oficina y el señor de seguridad me dice: Disculpe señorita, tiene la pollera enganchada en la media.
Y sí, desfilé desde Córdoba hasta Corrientes con el culo al aire.
Anoche estaba comiendo con dos amigas en un bolichón. Estábamos en una mesa cerca del baño de mujeres. De repente sale una mujer y cuando veo su irse le descubro algo que colgaba ahí, y no era precisamente una colita de conejo. Dignamente le aviso, y dignamente me agradece y lo arregla.
Yo ya sé, yo entiendo, yo me rio cuando veo que alguien se cae en la calle.

Pero no tengo el culo de Jessica Cirio, así que, por favor, la próxima, sigan el ejemplo.

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