lunes, 11 de agosto de 2008

Mis pelotas con palitos chinos

Si, todo el año pasado me lo pasé arriba de un avión.
Ella sonreía, hermosa, radiante. Yo por mi parte estaba luchando contra los palitos chinos (o, dadas las circunstancias, vietnamitas, para ser precisa) que no me dejaban agarrar de a más de un grano de arroz. Y mientras el vapor con olor a salsa de soja me humedecía la napia, ella continuaba: si, estuve en París unos meses aprendiendo francés, me volví loca porque no había momento para hablar en castellano, todo entre el inglés y el francés...
Y yo le decía: Ah (a ella o al camarón, es igual) pensando en De Angelis... (el mediático, no el artista) cuando aquella vez, por tierra, me quise ir a dar una vuelta por la provincia.
Y siguió: Estuve en Berlín y les encantó, y acá me aceptaron el proyecto, en París también, es sólo que no logramos conseguir los fondos, etc etc
Y sí, está complicado, le decía yo agarrando el brilloso y tibio camarón con la mano porque me había rendido.
La velada siguió y termino, como todo. Y la verdad es que estuvo bien.
Pagó quien podía, siempre ese asunto es una cuestión, al menos para mí, de posibilidad, bien lo aprendí en su momento, así que el orgullo no se me inmuta.
Bueno, gracias, nos vemos, te llamo, bla bla.
Nos vemos antes de irme, dijo, nos vemos antes de que vuelva al avión.
Yo me fui, estaba a dos cuadras de mi casa, yo caminé.
Ella en breve se tomará un avión. Por suerte, cuando Argentina se hunda por el peso de mis pelotas, ella va a estar arriba de un avión.

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