Fui al teatro el otro día. Vimos la obra, muy buena, recomendable.
Hubo una escena que me llamó poderosamente la atención.
El protagonista, a partir de ahora A, iba a ser fusilado por haber cometido unos cuantos asesinatos. El fusilamiento sería perpetrado por el policía a cargo del caso, a partir de ahora B.
La escena que traigo fue la siguiente: B le dice a A que se ponga la capucha (estaban sólo ellos en el escenario) y que se arrodille para poder proceder con el asunto. y A, afligido y resignado, le obedece. Si lo fusila o no no viene al caso.
Al finalizar la obra le digo a mi acompañante:
- Vos qué hubieras hecho? le hacés caso? te ponés la capucha y vas sin más a tu muerte, aún sabiendo que no sos realmente culpable?
- Igual te van a matar.
- sí, es verdad. Pero no asoma ni un vestigio de humanidad? no te rebelas? no peleas ni un poquito?
Lo que me llamó la atención de la escena fue eso. La incapacidad por parte del acusado de defenderse, la anulación total del sujeto, que ahora no es más que una cosa que obedece.
Esa escena me toco el corazón. Me toco la dignidad.
Mi acompañante me dice luego.
- che, ya sé que es miércoles, pero hay una fiesta a la que me invitaron. Llena de fantasía y de condimentos cuasi alucinógenos. Y es completamente gratis. Vamos?
- No, gracias. Mañana me tengo que levantar temprano - le digo - tengo que madrugar más de lo habitual para planchar el uniforme del trabajo y llegar a tiempo para buscar el abrigo de mi jefe en el lavadero, porque hoy se olvidó de retirarlo. Chau, hablamos para hacer algo el fin de semana.
Esperé 35 minutos el colectivo, porque un taxi es muy caro, y me fui a dormir.
En el viaje me di cuenta de que entre A y yo no hay mucha diferencia.
A se pone la capucha y yo mi uniforme.
A va a su muerte, yo a la mia, pero en pequeñas cuotas, todos los días.
A y yo, y todos los demás, cada uno tiene la batata que puede.
Pelotita
Hace 6 días

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