Hoy me levanté, me duché, me sequé, me encremé, me miré un poco, me vestí, me contracturé. El cogote se me endureció como un mástil, me dolía como si una tuerca oxidada se hubiera incrustado, aspera y alevosa, entre la quinta y la sexta vértebra.
Me dolía en serio. Se me piantó el lagrimón.
Salí de mi casa, fui a trabajar, me dolía hasta cuando mandaba un email.
- qué te pasa que andás así? - Me dijo el portero del edificio del lugar donde trabajo cuando bajé a comprar morfi.
- no sé, no puedo mirar para allá porque me duele- le dije señalando con el torso a la derecha
- y por qué? qué hay allá?
y yo me quedé con ganas de decirle que no sabía, porque no podía, como le dije, ver allá.
Pero al final tenía razón. Evidentemente ahí hay algo que vi y que me dolió, que no quise ver más.
Y el tirón me hizo cerrar los ojos.
El dolor se manifiesta de maneras ridículas, como por ejemplo una tuerca oxidada entre mis cervicales. De más está decir que la tuerca existe, que la tuerca está allí porque me duele, es real, aunque no sea una tuerca. Es real porque duele.
Que alguien me diga si hay algo más real que el dolor.
Igual, no es la primera vez que me pasa. Aquella vez, atroz, que te fuiste, me quedé sin voz.
Pelotita
Hace 6 días

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