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Un día pensé en cortarme el pelo. Las mujeres, cuando queremos cambiar algo, cuando estamos cansadas de algo, cuando nos hinchamos las pelotas de forma suprahumana, empezamos por afuera, por algo accesorio. Yo ya lo hice, tengo la experiencia de cortarme el pelo y luego arrepentirme, no de forma dramática, pero sí arrepentirme. Entonces esta vez decidí cambiar algo de mi casa. Encontré una mesa que era ideal para tal efecto.
Entonces me la imaginé completamente diferente (como otrora mi pelo). Y en un arranque, un aluvión de actitud salí a comprar los elementos necesarios: pintura, aguarras, un pincel, una lija.
En mi cabeza iba performando mientras volvía a mi casa el trabajo final, iba a quedar increíble, iba a quedar maravillosa, una obra de arte.
Me fui a la terraza con la mesa para lijarla, tenía capas de barniz y cera de años a.
Me costó trabajo, hubo oscuridades que no pude sacar, hubieron puntos irremediables.
Finalmente no quedó blanquita, virgen, como me la imaginaba pero estaba lista para la primer mano de pintura.
Eso hice, bajé a casa, preparé los elementos, mezclé el sintético (rojo profundo) con un poquito de aguarras segun me había dicho mi papá y le entré a dar.
Ay Dios, qué desilusión. Quedaban unas vetas horribles, el color no era el que me habían mostrado en la pinturería, quedaba toda desprolija, la pintura que pretendí deslizar sobre la zonas oscuras parecía hacerme pito catalán.
En ese momento me arrepentí, pensé que me había mandado una flor de cagada. Arruiné mi mesa! La que uso para absolutamente todas mis actividades cotidianas!
La dejé secarse. Al otro día, desconfiada, un poco dolida, y todo le dí otra mano de pintura, con la misma fórmula que me dio mi papá. Mejoró pero nada. Un horror.
Ya desvastada, sabiéndome frustrada, sintiéndome una fucking arruinadora de mesas, igual opté por darme otra oportunidad.
Esta vez lo hice de otra forma, como a mi me parecía.
Le tuve que dar como cinco manos, pero finalmente quedó perfecta. No como me la imaginaba, no como la había visto en mi cabeza, quedó diferente, ni mejor ni peor, diferente. Me vi entonces con las manos llenas de pintura, las uñas sucias, pero satisfecha, orgullosa.Y vez concluida la tarea, viendo mi mesa nueva desde la distancia que da la objetividad (o al reves, es lo mismo) pensé en mi, en mi camino. En las veces en que estuve a esto de largar todo a la mierda y volver a ser secretaria, cara y cómoda, en las veces en que por llorar casi me muero, en aquellas situaciones en que lloré amargamente por el eje perdido.No no. No es, ahora que lo veo, lo que yo esperaba. Es diferente, es mejor.
El futuro nunca es como uno se lo imaginaba. El camino, la forma de llegar a eso, tampoco.
He sido participada a numerosos nacimientos. He recibido invitaciones por todos los costados a darle la bienvenida al mundo a muchos minúsculos individuos a través de ventanas y camitas de acrílico transparente. He visto sus caras de desolación tratando de ver. He visto.Y nunca falta la que dice, y es reiterado, la que pregunta: 'Y vos, para cuándo?'Mis respuestas han ido variando, a veces levanto los hombritos, a veces digo un chiste, a veces sólo me rio. Pero se quedan ahí, expectantes, esperando la respuesta cómplice, en sintonía.- No sos tan joven - osan decirme - Cuando tu madre tenía tu edad vos ya tenías dos hermanos - insisten recalcitrantes.Cuando dije entonces que no era mi intención tener hijos las opiniones estaban divididas en: 'Eso decís ahora' y 'Ya te van a dar ganas'. La división, como ven, es virtual.Hasta que un día, presa del peso de mis pelotas, hastiada de las pelotudeces más totales y absolutas, harta ya de asistir a eventos ajenos en todo sentido, ante la miserable pregunta reaccioné: Es que dentro de 25 años el mundo va a estar lleno de fracasados, y no quiero ser artífice.La que me preguntó le tapó los oídos al nene que llevaba a cuestas, mirándome como si hubiera degollado un pollito con los dientes. Y fui repudiada en silencio.A partir de entonces no he sido invitada. Nunca más.
Lorena le dijo a su papá, médico neurocirujano prestigioso este, que quería ser antropóloga. O socióloga! porque quería ir por el mundo estudiando el comportamiento de las minorías ante el sonido de la participación de Iliana Calabró en cantando por un Sueño, la primer entrega del programa. Ella tenía una teoría y quería corroborarla. Por su puesto, el padre, cuyo padre era médico y el de su padre también, cuyos hijos, o sea los hermanos de Lorena, estaban estudiando en universidades extrangeras sus doctorados y sus maestrías, cuya esposa, la madre de Lorena, era una bióloga que venía investigando no sé qué para el premio Nobel de química y estaba en su etapa final, se opuso rotundamente a la loca idea de su benjamina. - Ni loco te financio esa carrera de mierda. Vos vas a ser médica y punto. Olvidate.- Bueno - dijo ella - No quiero que me la financies ni nada. Te estaba avisando nomás. Lorena tuvo renunciar a la seguridad de papá y ponerse a laburar de de telemarketer, de recepcionista, de secretaria y cuidando viejos para poder estudiar. Y se recibió y se fue por el mundo a probar su hipótesis.Claudia, por otro lado, más o menos por la misma época le dijo a su papá, contador él, quien le llevaba los números a los grandes empresarios de la época, amigo de senadores y diputados, que quería estudiar diseño de indumentaria y ponerse un pequeño local. Iba a tener la particularidad de que la tela iba a ser confeccionada por ella a partir de no sé qué línea ecológica.- Estás loca. Estás delirando, se ve que tomaste pintura con el desayuno. - Quiero estudiar diseño de indumentaria porque...- Entonces olvidate de que yo te pase un peso, la vas a tener que hacer a pulmón, a tu pulmón, porque no estoy de acuerdo.Claudia y Lorena habian sido compañeras de escuela. Cuando se cumplieron los diez años de egresadas y se organizó la mítica fiesta de reencuentro, Claudia fue en su auto último modelo. Tenía las uñas arregladas con francesitas y el pelo rubio y alisado de peluquería. Unas botas que no hablaban castellano y un celular de última tecnología que cuando sonaba tiraba papelitos de colores. Todo eso enmarcaba una cara de culo infernal.Lorena, en cambio, apareció caminando porque la parada del bondi quedaba a unas cuadras del lugar pautado, sin tanto fileteo pero contenta. Su cara tenía alguna que otra arruga, más bien una marca, pero transmitía tranquilidad.Lorena contó que no le había sido facil en absoluto, que tuvo que elegir entre la comodidad económica y chata que le brindaba su padre a cambio de la medicina y sus suenos, que si bien no ha resultado su vida como lo imagino allá por su adolescencia, fue diferente pero mejor. Claudia no lo pudo soportar, se miró las unas, se paró y se fue.
Me contaron un chiste hace un tiempo, me lo mandaron por mail en realidad, un chiste con moraleja.
Se trataba, en breves palabras, de un tipo al cual los mafiosos del barrio lo capturan por alguna deuda y lo mandan con el torturador de turno, con una consigna: 'Chino (el torturador se llamaba Chino) este es Juan. Nos debe plata y se está haciendo el boludo'
'Bueno - dice Chino - lo voy a dejar en este rincón y cuando me desocupe le voy a dar masa con esta zanahoria que tengo preparada para estos casos' dijo, mostrando un tubérculo inusualmente grande.
Juan se puso blanco y no pudo emitir sonido. Quería pedir clemencia, rogar por que le cambian el desdichado castigo que le iba a arruinar la dignidad y la vida. Que fueran piadosos. Y cuando estuvo por hacerlo traen a otro:
Chino - de nuevo - este es Carlos. Está casado con la hermana del jefe y anoche lo encontraron con una trola'
'Bueno - dijo Chino tranquilamente - a Carlos le voy a cortar las pelotas en juliana y voy a hacerle un omelet, para que él mismo se la coma'
Cuando Carlos se pone a llorar, cagado hasta las patas porque el Chino no jodía, entran con otro más, al que le faltaban los dientes y tenía los ojos en compota. 'Chino - dice su Virgilio - Este es Miguel, se quiso hacer el vivo con la hija del jefe. Ya lo estuvimos ablandando con los muchachos. Te lo dejo para que lo termines'
Y el Chino la remató: 'no te preocupes, cuando termino con el omelet le corto la lengua y se la coso al pito con una aguja caliente y oxidada, para que no hable más boludeces'.
Cuando se va y se quedan los tres con el Chino, Juan, el primero de todos, finalmente recobra la vos y dice: 'Chino, acordate que yo soy el de la zanahoria...'
La moraleja a simple vista es una: No te quejes tanto, lo que te pasa a vos no es tan malo, o cosas así.
Sin embargo hay otra mucho más realista y más aplicable. Que es transtemporal, es como una reflexion dantesca, Shakesperiana: Siempre se puede estar peor, y vale la pena, solo eso, vivir para verlo.
Estaba en una sala de espera. Estaba leyendo un libro mientras tanto y antes de que me llamaran alcancé a leer una frase, una declaración, una revelación que me pareció fabulosa. Marqué la hoja y lo cerré porque era mi turno, me estaban llamando.
Me senté de este lado del escritorio en su consultorio, el que está de frente a los diplomas, y cuando me disponía a contarle por qué estaba ahí empezó a hablar él.
Me contó, con esa alteración que no te agita sino que te entristece, que días atrás le había llegado una multa de un auto que había vendido hacia 12 años atrás, y que en el Registro Automotor le habían dicho que el cambio de titular se había traspapelado y que por eso la multa le había llegado a él. Entonces había ido al organismo estatal que regula eso, y desde el Estado estaba todo bien, todo en regla, pero el asunto era en el de la Provincia. Allí estaba el quilombo.
Entonces allí se dirigió y la empleada que lo estaba atendiendo de pronto desapareció (con su DNI) y al rato, como a los 20’ alguien se dignó a decirle que Marta (tal era su nombre) estaba en la cocina comiéndose un sanguche de mortadela y queso sardo, que la espere. Y que cuando apareció al rato, al grito de ‘Quien sigue?’ le dijo que tiene que mandar un fax a no se donde, porque allí no podían hacer nada sin autorización de Juan Pelotudo.
Y así seguía la lista de quehaceres, había caído en el círculo vicioso del tramiterío burocrático, un espeluznante cuento de la Buena Pipa que no lo llevaría a ningún lado.
Y que mientras estaba haciendo, para colmo, una de las colas infernales le habían choreado la billetera que adentro tenía, además de la CI, la tarjeta de crédito y la de la prepaga y de orto no tenía el carnet de conducir porque sinó se hubiera tirado a las vías del tren.
Yo lo miraba y no decía nada.
- Bueno, vayamos a lo nuestro. Qué te anda pasando?
Lo mío era una boludez, una receta para una crema para la cara y listo.
Me la dio y me fui.
Curiosamente, el libro que habia estado leyendo antes decía (sobre un sujeto que tenía ciertas actitudes autodestructivas, por supuesto que a propósito, y había tenido recientemente un accidente con una pistola)“Ciertas cosas nunca se llegan a saber del todo. Morir no me dio miedo. Lo difícil es vivir”
Estaba hablando con una amiga que habia ido hacia muy poco a Miami. (lo que hacemos las mujeres: ver fotos, ver qué compró, contar pormenores y pormayores, etc)
Hace unos años atrás me fui a Europa – le dije - Anduve por algunos lugares, todo increíble. Hubo algo que me atrapó que aun no sé qué fue. Algo como en el ambiente, en el aire...
- Argentinos. – me dijo tranquilamente ella.- Allá por las Europas no hay argentinos, No en cantidad, no en exceso como en Miami.Son fácilmente distinguibles, más allá del idioma:
- Cuando en la playa alguno o alguna estaba observando al de al lado, a modo de scanner, de forma exhaustiva.
- Cuando en el medio del mar (A los 20 metros de la playa el agua, tibia y verde agua y transparente como la gelatina, te llega hasta el cuello) hay dos tipos comparando patrimonios (o el tamaño de sus chotas, pero queda mal decirlo)
- Cuando entran y/o salen de AïX en malón llenos de bolsas, o vuelven locos a los vendedores que humildemente ponen la otra mejilla.
- Cuando en la playa se ve un contingente de personas, con sombrilla multicolor, entre 7 y 23 reposeras, 2 o 3 heladeras portátiles, mucha basura alrededor.
- Cuando un auto excede la velocidad y no para en ningún estridente cartel de ‘STOP’ a grito de ‘A mi los canas no me van a parar, yo manejo mejor que todos estos’
- Cuando en el aire se oye una histriónica y absurda queja.
Estuve con uno que me dijo: ‘Ocean Drive (que es una calle turística, un estilo Recoleta, llena de bares y restaurancitos) no da. Allí va todo el mundo. Nosotros no vamos ahí. A nosotros nos parece grasa. Nosotros, los argentinos, somos selectos, diferentes’.
Otro, que era una queja cadente y sin sentido, sin acentos, sin puntuación, dijo: Estos yanquis de mierda no tienen idea, son unos bobos. No saben cómo numerar las calles. Por eso me pierdo. Por qué no lo hacen como Punta del Este? (la meca de varios)
Y a todo esto, frente a nosotros se explayaba un mar cristalino y tibio, sereno como un sueño que te transporta a tu propio paraíso. La temperatura perfecta, las latinas en microtangas, todos sin prejuicio alguno disfrutando de lo que quedaba antes de que venga el huracán Erica, de que empiecen las clases.
Todo el tiempo un avión al menos surcaba el cielo. El aire era caliente pero limpio, no había bocinazos. No tenía otra preocupación que esperar que el día esté lindo para salir al ruedo – dijo, mientras elegía una factura del plato.
- Allí fue que descubrí la razón de ser de los chistes sobre argentinos – prosiguió – y te da un poco de bronca, o vergüenza. Y sin embargo al día 7 empecé a extrañar la contaminación sonora, los apretados viajes en bondi. La voz de Tinelli saludando a Latinoamérica, el chino de enfrente borrando la fecha de vencimiento de los yogures, Radio 10, mi casa, mis deudas. La extrema represión polite me estaba hartando, no escuchaba puteadas, no escuchaba gritos. Todo era tan correcto cuando estaba fuera de los círculos mencionados que aburría... Extrañaba Argentina.
Yo la miraba, no decía nada, simplemente afirmaba con la cabeza por hacer algo.
- Ojo – retomó luego de sacarse con la lengua el dulce de leche que le había quedado en una de las comisuras de los labios – no es una queja, eh? Es pura observación.
Y tragó.
Argentino se nace, no se hace.
Una amiga me contaba que el novio de fue a NY y le trajo regalos. Me dijo que el que más le gustó fue una bikini preciosa de Victoria's secret. - La parte de arriba - me dijo- el corpiño, es hermoso, (o 'Bra', como dicen los norteamericanos) es divino y me queda que es una maravilla. Me siento la Coca en 'Carne', soy una diosa entre salvaje y casta, cuando me pongo ese bra me siento en parte Atenea y en parte Afrodita, una teta de cada una de ellas, uf, suspiro de la emoción. Pero la parte de abajo...- La tanga... - me adelanto.- Justamente, no tiene nada que ver con una tanga. Se parece a las bombachas de latex que me ponia mi madre cuando era chica. Un horror. Se debe parecer a las que usa la Coca pero ahora - Dijo compungida.En nuestro continente el tamaño de la bombacha de los trajes de baño son un indicador de cultura y desarrollo- pensé -. Es evidente que mientras más abajo estemos en la Tabla de Desarrollo (o subdesarrollo, como dicen ellos) más chiquita es la tanga. En Mar del Plata me he encontrado con mujeres que cada tanto se miran la chaucha para serciorarse de que aun está ahi, de que está puesta, es tan chiquitita que se confunde con un alga marina, con un filamento de aguaviva. En el Caribe las hijas de puta ya no se preocupan por usarlas, directamente salen a airear el asunto sin culpa.La única excepción a la regla creo que es Brasil, cuyas nativas, no sé si por subir los morros, por bailar a cualquier hora del día o por lo que comen, tienen un culo tallado hecho por un ebanista de larga trayectoria, que brilla al sol (el culo, no el ebanista) y sonríe a cualquiera que se atreva a mirarlo (puede ser que nunca se recupere uno de eso). Digo excepción porque ese país, eternamente contento, ha escalado algunos puestos de la Tabla sin agrandar la prenda. Será que ya estaba instalado y con el pasado no hay nada que hacer.En fin. Supongo que es eso, porque no hay un culo al aire libre en las playas norteamericanas ni de casualidad (hablo de las americanas per se) exeptuando en las revistas porno, que son consideradas una aberración por los gringos de las elites más polites.- Debe ser eso - pensé en voz alta.- Voy a mandar a arreglar esa parte. A la vuelta de casa hay una señora que lo hace. Sí, voy a hacer eso - Dijo, desconcentrándome.